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Deben ser los duendes, mi obra más querida

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  Lourdes Díaz Canto, venerable y tranquila, como siempre; franca, sencilla y humana  es reacia al diálogo con la prensa.Sin embargo, favorece la labor del periodista, pues forma parte de esa franja de entrevistados que, hasta se atreven a autoformularse interrogantes. 
  De casta le viene al galgo, pues su abuelo materno, Carlos Canto Cueto, fue un prestigioso cronista y crítico del diario local La Correspondencia durante la etapa prerrevolucionaria.Y ella lo ha dicho en alguno de sus libros: “Los genes son bienes, viva quien los obtiene”.
  Con una obra a cuestas tan fecunda como su vida, Lourdes se identifica nacionalmente por ser una de las más veteranas escritoras de literatura infantil del país, aunque también ha incursionado en el terreno de los adultos en obras como Prohibido pasar la senda, Locuras mías, Cienfuegos y los Terry o Con tu delfín en la mirada, este último texto poético en proceso editorial.
  Con 80 años, esta miembro de la UNEAC continúa escribiendo y publicando, con los mismos fueros de antaño. La vida, los niños, la humanidad -nutrientes tradicionales de su inspiración- se renuevan constantemente; no tendrían por qué no hacerlo entonces sus letras.
  Lourdes presentará en la XV Feria Internacional del Libro su poemario Deben ser los duendes (Editorial Mecenas, 2005), el cual para ella “no es uno más, tampoco el mejor que haya escrito, es simplemente el más querido”.
  -¿Por qué? “No lo prefiero porque sea el más reciente, pues a la par de este volumen el mismo sello editorial me publicó otro, también de literatura para niños pero de narrativa: Que cada cual cuente su cuento.
  “Ni tampoco porque tenga un corte antológico, ya que en 2002 vio la luz Rehílete, papalote, carrusel, selección de poemas para los pequeños que también presenté en una edición de la Feria Internacional del Libro, en La Habana primero y en Cienfuegos después; año en que fui la autora a quien se dedicó el evento en mi provincia.
  “Lo considero mi predilecto, por arriba de Fifi y sus amigos -Premio 26 de Julio-; Cantares y cantarillos -Premio Jornada Internacional de la Infancia 1976-; o los galardonados en La Edad de Oro 1977, 78 y 79 u otros, porque este nuevo texto de 129 poemas dedicados a los que saben querer pude conformarlo con trabalenguas, adivinanzas, fábulas, versicuentos, temas de ballet, de leyendas sobre juegos y rondas tradicionales, el mar, Cienfuegos, sus cúpulas...”.
  -¿Solo por ello? “Y por mucho más. También porque en Deben ser los duendes me estrené como ilustradora: la portada y los 19 dibujos de las páginas interiores son míos. Además, porque en cada una de las 14 partes en que dividí la obra la terminé con una nana, donde usé como cita nanas de otros autores cienfuegueros.
  “Te podría decir asimismo que lo quiero tanto porque mi amiga de infancia, la escritora Mirta Cuesta, hizo la primera reseña de su vida para la contraportada de este libro. Y, cosa curiosa, su editora, Ana Guillemí, siendo una excelente autora, nunca antes había editado un texto a otro creador literario.
  “Como ves, se conjugaron muchos factores para que me sienta satisfecha con esta edición. En ella quizá abuso de las dedicatorias, y hasta parezco impersonal al hacer la primera, la del todo, a los animalitos (gatos, ranas, cocuyos) que visitan el traspatio-jardín de la casa donde nací y vivo. Pero así soy y ya no cambiaré”.
  -¿Y a quien o a qué culpa de ello? “No culpo, en todo caso lo achacaría a algo o a algunos. Pero ni eso. Serán los duendes”.

 

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