Diálogo permanente en una mujer


Conocer a Celia, es reemplazar a Úrsula Iguarán y elevar a la mulata de pañuelo blanco anudado al cabello a un plano superior"Úrsula Iguarán, la abuela de los Buendía en el umbral de los cien años, se parecía cada vez más a una ciruela pasa". Quien haya leído la inmortal novela del Gabo, tiene ante sí la imagen de una anciana un tanto historia, y mucho más poesía, creación mítica, total evocación.
Quizás la imagen de cien años vividos en esa mezcla de realidad e imaginación, naturaleza y poesía nos la había trasmitido la abuela y bisabuela de los Buendía, con su simbólica escoba barriendo las hormigas.
Conocer a Celia, es reemplazar a Úrsula Iguarán y elevar a la mulata de pañuelo blanco anudado al cabello a un
plano superior.
Esta mujer, que este 12 de marzo ha vivido las mismas diez décadas del personaje garciamarquiano, es tangible y vive en el comienzo o en el final de la calle que conduce a la Plazoleta de Abreus, término municipal de la central provincia de Cienfuegos.
Este sitio huele a tambor,
flores, tierra santa y a gente honrada. La plazoleta está cargada de historias, poesías, mitos y leyendas. Aquí se habla de serpientes que viven en las profundidades de las aguas subterráneas y que todos identifican como "La Madre Agua".
Aquí, Yemayá tiene un sitio sagrado, Obbatalá puede reinar libremente y se vindica con el mayor respeto a todas las deidades
del Panteón Yoruba. Celia tuvo una bisabuela a la que trajeron en aquellos barcos cargados de negros, venidos de tierras lejanas y que por suerte para nuestra historia cultural, se asentaron en estas tierras del ayer Realengo San Segundo de los Abreus.
Celia oyó los cantos, el misterio de la voz y los secretos ancestrales. Guardó con celos aquellas informaciones, que al decir de ella, quien las quiera saber "tiene que tocar la puerta".
Esta mujer es un símbolo identitario que conforma al ser individual, grupal, nacional, cultural, cuya actuación la convierte en actora y autora de valores objetivamente existentes, que la identifican
como tal.
"Madrina"
como muchas la llaman es este terruño y en otros tantos sitios de la geografía cubana, incluso allende los mares, tiene un número impreciso de ahijados blancos, negros y mestizos, porque ella misma es síntesis y expresión de la más cubana transculturación.
Celia Herrera vive en su casa-templo con una inmensa paz espiritual, porque nunca ha hecho nada de lo que deba arrepentirse en el diálogo con sus orishas, adora particularmente a Obbatalá y tiene un
modesto altar situado en el centro y final de su sala sencilla y humilde, ahora cobijada por el techo asignado a los damnificados del ciclón Lily.
Su voz, aún enérgica revela a la cubana valiente, patriota que ha hecho votos a favor de la Patria, que conversó con el máximo líder de la Revolución Cubana en su propio despacho. Es la voz de la fidelidad que ha implorado a la Patrona de Cuba por la felicidad de esta tierra y de sus hijos. Cuando ella habla trasmite una fuerza inevitable que compulsa a ver la vida con los ojos del mañana siempre mejor que el hoy, porque ciertamente esta cubana que casi nació con el siglo tuvo la dicha de conocer sus abuelos mambises, de vivir la etapa seudo republicana, de disfrutar el triunfo revolucionario y de haber sido testigo de 47 años de lucha y victorias.
Ella ha podido escoger durante 100 años entre la injusticia y la justicia, y esa eticidad en su sello característico,
como parte de nuestra identidad nacional.
Esta mujer, que sigue siendo hermosa, acompañada de su paso lento, su mirada nublada, su aroma inconfundible, que bebe de vez en vez "una espumosa cerveza de botella", que camina varias cuadras diariamente para buscar el pan, o algunos kilómetros cuando se acerca diciembre para encontrar los animales que sacrificará como tributo a sus deidades, esta mujer que gusta de la buena mesa criolla, que ayer vendió telas, y otras prendas de casa en casa para ganarse dignamente el vivir, no ha encontrada jamás una vía de enriquecimiento personal en sus prácticas religiosas, por las que siente profundo respeto.
Es feliz porque ha vivido en diálogo permanente, es feliz porque supo encontrar el camino, y si usted lo duda. "TOQUE A LA PUERTA".

23/04/2007 17:28. Autor: Mercedes Caro. #. Tema: Mujer y Sociedad.

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