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PLAYA GIRÓN: Epopeya escrita con tinta de mujer


Dora  Alonso y el fotógrafo Gilberto Ante llamaron a Bohemia para solicitar la autorización que les permitiría marchar al frente como corresponsales de guerraAl evocar el nombre de Dora Alonso, es usual que a la memoria de los cubanos acuda la imagen de la fecunda narradora y poetisa, merecedora del Premio Nacional de Literatura 1988 y del cariño de un pueblo al cual sirvió con el poder de sus palabras, esas que le emanaban del pecho y enmarañaban de oscuro la blancura del papel. Pocos aluden, aunque la saben también periodista, al peregrinar de la sensible y afable matancera por el reporterismo de guerra.
Fue Dora Alonso la única mujer que marchó al frente de batalla donde en sólo tres días los cubanos propinaron al imperialismo yanqui la derrota más rotunda del continente, en un gesto épico de defensa de la "muchacha recién crecida", que era entonces la Revolución.
Para la revista Bohemia trabajaba en aquel tiempo la escritora y en sus páginas testimonió para la historia la epopeya de Girón, en crónicas escritas con el dinamismo de la urgencia, la belleza y el vigor de una prosa que pocos como ella sabían blandir.
Al ocurrir el bombardeo
del 17 de abril, Dora se encontraba en Santiago de Cuba. De allá salió al día siguiente para La Habana. Al llegar a Colón supo de los horrores cometidos por el enemigo con los campesinos, de la voladura de sus bohíos, la masacre contra la población. Entonces reflexionó: "Tienes miedo, pero te vas a ir al frente", según cuenta en una entrevista concedida al periodista Roberto Rodríguez.
Desde la propia ciudad de Colón, Dora y el fotógrafo Gilberto Ante llamaron a
Bohemia para solicitar la autorización que les permitiría marchar al frente como corresponsales de guerra. La recibieron de inmediato y no tardaron en dirigirse hacia el combate.
De las cosas que vio escribió sobre el fervor de un pueblo en armas, de los niños soldados que achicaban su inocencia con el peso
del fusil, del llanto de las viudas, del horror de los huérfanos. Cuando regresó a La Habana a entregar el trabajo, en una carrera contra reloj, redactó de un golpe 16 páginas.
"Avanzando con el pueblo en armas" sirvió de título a aquella impresionante crónica. De ella son los siguientes fragmentos:
"A la salida
del batey, también todo se cubría de uniformes del ejército popular. Se almorzaba a base de una lata de leche condensada y pan, dulce de guayaba y alguna otra cosa. Vimos a la tropa, lata en mano, disponiendo el frugal almuerzo. Había unidad, un firme entusiasmo, una increíble satisfacción por ir al combate. De eso, cuantos tuvimos el honor infinito de contemplarlo y compartirlo podemos dar fe.
(….)
"Dominando la idea de ver aparecer en cualquier momento la terrible amenaza aérea o de sentir el tableteo de las ametralladoras de los paracaidistas, fijamos la mente en la temible, poderosa protección que guarda el territorio. Nidos de todas las armas, perfectamente disimulados y protegidos, se meten a los dos lados de la carretera, tierra adentro y tierra adelante.
Como fieles mástiles de la independencia, se agazapan, para destrozar cualquier avance del enemigo. Son cañones de distintos calibres; antiaéreas, nidos de 50, de 30. Entre el raquítico o el espeso monte de la ciénaga se vislumbran asomando sus bocas mortales. Y detrás de cada una de ellas, cientos de vidas jóvenes con el corazón entero dispuesto al sacrificio por la patria.
(…)
"Continuamente, por la izquierda y en sentido contrario enfilan sobre la carretera las luces encendidas y a toda velocidad las ambulancias y máquinas que llevan la bandera blanca con la cruz de sangre. La muerte y el dolor van en ellas, en desesperado esfuerzo de arribada pronta al hospital
del batey del Australia. Son muchas ambulancias y muchas las máquinas que van y vienen por este camino de riesgo y muerte, prestando el mismo servicio.
(…)
"Desnudos los pechos adolescentes, donde lucen collares milicianos de semillas de monte, las caritas graciosas llenas de sudor, sucios de polvo, risueños, capaces, heroicos, inmensos, con aquellos ojos llenos de luz y de fervor por Cuba y su vergüenza, los niños artilleros saludan alegremente, nos rodean y casi nos aplauden cuando se enteran a lo que venimos. Cuando saben que es
BOHEMIA la que llega a buscarlos y a estar junto a ellos en la hora de prueba.
"Y
como lo que son, como criaturas llenas de ingenuidad se sitúan complacidos un segundo frente a la cámara de Gilberto Ante, el buen compañero de toda esta marcha del deber, peinándose apresuradamente con los dedos y sonriendo para situarse mejor".
De esas líneas, junto a la memoria fresca, vívida, de la gesta heroica, brota también la sensibilidad de Dora Alonso, su talento para dibujar con letras el alma y los sentimientos de las personas, su capacidad de observación y, sobre todo, su inmenso amor por la patria.
Por eso, al rememorar los sucesos de Girón, es imprescindible recordar el ejercicio periodístico de la única mujer que reportó la hazaña. Esa fue su arma y
como confesara a Roberto Rodríguez, "su gloria y su alegría".

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