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BERNARD ZELAYA REYES “Cuba nos cambió la vida a todos”

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 Duele ver a personas pobres, indefensas, transitar largas horas bajo lluvia, frío o sol en busca de alivio para su mal; sin embargo, chocan con la invidencia y la sordera ex profeso de los médicos que, como dijo Martí, tienen la viruela en el alma. Para darle luz a la esperanza llegaron un día, hace casi diez años, los galenos cubanos a Honduras, después que el huracán Mitch azotara a esa región centroamericana en octubre de 1998. Más de 250 de ellos se mantienen trabajando en comunidades rurales hondureñas, merced a un acuerdo de cooperación firmado el 20 de noviembre de 1999.
 Devolverle la sonrisa a un niño, a una madre o a una familia, cuando se ha evitado la muerte de un ser querido mediante acciones médicas oportunas, ha dejado de ser la noticia que no por cotidiana, pierde su valor reconfortante. De ahí que estos hombres y mujeres tengan su impronta en la conciencia de muchos hondureños.
 Hace casi cuatro años un contingente de jóvenes latinoamericanos llegó a Cienfuegos para integrarse al nuevo programa de formación de médicos. Entre ellos venía Bernard Zelaya Reyes, natural de la ciudad de El Progreso, perteneciente al departamento de Yoro.
 “¿La convocatoria para venir a Cuba? Bueno, fue a través de los médicos de las brigadas cubanas que conozco la noticia, quienes desde su llegada a mi país realizan una labor increíble, importante, atienden la salud de los más pobres y marginados de Honduras, en lugares donde jamás se contó con la presencia de personal de la salud y otros en donde los médicos hondureños se han negado a asistir. A ustedes le debemos la reducción de la mortalidad materno-infantil en esas regiones y el mejoramiento de las condiciones higiénico sanitarias de esas poblaciones.
 “Yo la defino como una bendición de Dios a través del Comandante Fidel Castro, en un momento muy difícil de recesión económica. Había que buscar una oportunidad y sólo contábamos con dos opciones: una, era irse ilegalmente para los Estados Unidos y hasta fallecer en el desierto, historia muy recurrente en la mayoría de los muchachos jóvenes de mi país; y la otra, más humana y digna, era venir a Cuba, a estudiar Medicina.
 “Mi familia siempre ha estado ligada a las brigadas. Mi padre es maestro de secundaria y labora como subdirector en el colegio donde se alojaron por un tiempo los cooperantes de la salud, hasta tanto se les prepararan las condiciones de trabajo y vivienda. De ahí nace una larga relación de amistad entre mi familia y los médicos cubanos, sobre todo con del doctor Felipe Caraballo, de Villa Clara.
 “Fue él quien nos comentó la idea y me hizo la propuesta. Antes de eso yo me dedicaba a laborar en los medios de comunicación; por cierto, muy diferente a la manera en que se practica el periodismo en Cuba.
 “Hice todas las pruebas necesarias en la embajada cubana y aquí estoy, cursando el tercer año de la carrera. Lo más emocionante fue saber y descubrir el verdadero carácter de los cubanos y su Revolución. No fue hasta que llegamos acá y formamos parte de este contingente de estudiantes del ALBA que descubrimos la historia oculta tras tantas bambalinas y calumnias”.
 Su ciudad natal es conocida como La Perla del Ulúa. “No sé si crees en el destino, pero he venido de una perla para otra, La Perla del Sur, este lindo Cienfuegos que me ha acogido como hijo”. Y comenta cómo fue allá donde se desarrolló el primer encuentro de solidaridad con Cuba, en el año 2007.
 Siempre carismático, jaranero, cariñoso, enamorado de todas las ‘chabas’, como le dice a las chicas, se considera buen hijo, además de crecer como ser humano, pues está consciente de que la vida de uno vale más que las propiedades del hombre más rico de la tierra, entonces, no se cansa de repetir "¡Como Cuba no existe nada en el mundo, ni siquiera parecido! Cuba nos cambió la vida a todos, nos convirtió en mejores personas, más humanas, más sensibles a las necesidades de los demás, como diría el líder de esta Revolución, el dolor ajeno no nos resulta ya indiferente.
 “¿Solidarios, internacionalistas? Claro que desde ya constituyen nuestros principios esenciales. Todos los que estudiamos acá opinamos que eso es necesario, imprescindible. No creo que alguno de nosotros piense de manera distinta, más que por la educación por la conciencia que nos inculcan ustedes. Cuando uno vive en Cuba es difícil volver a pensar como antes.
 “No esperamos a graduarnos para cumplir con esto. Cuando vamos de vacaciones realizamos proyectos comunitarios de promoción y educación para la salud, especialmente en la higienización, donde encontramos apoyo de nuestros familiares en la parte económica, sobre todo con lo relacionado a la compra de medicamentos o el transporte para así llegar a la mayor cantidad de comunidades posible.
 “Tuve una experiencia muy satisfactoria en las vacaciones pasadas. Una señora me dijo: ‘nunca pensé que un médico me tocara a la puerta, eso no lo he visto en mi vida’. Le manifesté que era estudiante de Medicina en Cuba, entonces comentó: ‘¡ha, eso lo explica todo!’. Yo sé que ella jamás se va a olvidar de eso, recordará quizás mi nombre, mi cara, de cómo fui hasta allá y le tomé la presión, llevé fármacos y expliqué la manera de mejorar su calidad de vida. Sabrá que eso es fruto de nuestra formación acá.
 “¡Sí, como no, en mi ciudad existe un hospital provincial! Somos una ciudad de 150 mil habitantes y la institución de allá no brinda la totalidad de los servicios que prestan en el que se encuentra ubicado en el poblado montañoso de San Blas, con tecnología del primer mundo, donde sus pobladores no tienen que bajar al llano para hacerse un ultrasonido, rayos X, gasometrías, electrocardiograma, análisis clínicos, cirugía menor, recibir atención de estomatología, optometría, obstetricia y ginecología; contar con una sala de rehabilitación tan buena como las de la ciudad de Cienfuegos; tener un hogar materno donde internan a las gestantes que habitan en los sitios más intrincados, una sala de terapia intensiva…
 “Lo que ustedes han hecho en las comunidades rurales y montañosas es envidiable. Pero sobre todo por la calidad humana de los trabajadores de la salud, de los pobladores de esas zonas; cómo se considera al médico un familiar más. Eso es lo que nos proponemos hacer.
 “¿La idea de intercambiar mi sombrero con el del Gallego Otero? Oye, te aseguro que ha sido el gesto más importante de mi vida, porque ante este señor lo que hay que hacer es quitarse el sombrero y reverenciarlo. Lo atesoro como una pieza museable; ya muchos compañeros han intentado cambiármelo por cosas de valor, pero ¡qué va!, eso constituye un patrimonio personal, no tiene precio, es invaluable. Constituye un bonito recuerdo de Cuba, de su gente más humilde. Es una muestra de respeto, cariño y admiración hacia él, porque el campesino es igual en todos lados, de sol a sol trabajando duro.
 “¿El Che Guevara? Es un paradigma, el ejemplo a seguir día a día. Más en esta fecha en que se conmemora su 80 cumpleaños. No nos deja de impresionar, de ilusionar. Y lo digo en presente, porque no ha muerto, vive en el corazón de los latinoamericanos, de todos los que creemos en un mundo mejor posible. Eso también se lo agradezco a Fidel Castro. Él sabe que sus ideas tienen tierra fértil en nosotros y definitivamente su pensamiento revolucionario permanecerá en nuestras familias por mucho tiempo. Por eso mi gratitud a las autoridades del gobierno, a Chávez, al ALBA y a esas hermosas familias con las que convivimos aquí en Cuba”.

 

20/06/2008 12:27. Mercedes Caro #. Noticias

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