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Un espacio para la mujer cienfueguera

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  Desde hace muchos años el taller de confecciones textiles Eduardo García ocupa un espacio en el bulevar cienfueguero. Allí una treintena de mujeres han encontrado una razón de existir: ayudar al país a reducir las importaciones, pues sus producciones están dirigidas al mercado nacional y en divisas.

  Lina Mijans Pérez es hoy la administradora del taller. “Antes me desempeñé como costurera y después pasé a recursos humanos. La producción marcha bien, contamos con los recursos necesarios, aunque si pudiéramos poner en marcha toda una bancada de 12 máquinas que tenemos parada, le daríamos más empleo a la mujer y aportaríamos más a la economía”.

  Hoy las 31 compañeras que integran el colectivo junto a 4 hombres llevaron todo el peso de la confección de trajes para las comparsas que amenizaron las fiestas populares de la provincia. El azul, blanco, rojo y amarillo formaron una gama que armonizó con la alegría de las obreras. “Son como hormigas, dice Lina, no paran de trabajar. Para ellas es importante cumplir con cualquier compromiso. Por nuestras manos pasan, además, los uniformes que visten muchos trabajadores de las entidades del territorio, como el BPA, BANDEC, el de las recepcionistas del Partido Provincial y otras”.

  Costureras, trazadoras, planchadoras, jefas de brigada, auxiliares, administrativas, todas juntas forman una gran familia, que llega cada mañana desde apartados barrios del municipio cabecera y de lugares distantes como Juraguá, Limones y Espartaco. Allí, entre ellas, está Lidia del Sol Pérez, fundadora del local, quine con apenas 17 años se incorporó a él. “He sido desde costurera, auxiliar de producción hasta jefa de brigada. Son 35 años de labor incansable, aún en el tiempo más crítico, cuando sólo quedamos aquí seis compañeras.

  “El Período Especial nos golpeó mucho, por años nos faltó la materia prima y tuvimos que dedicarnos a producir artesanías y otras cosas. Hoy, aunque estamos atravesando por dicha etapa, se avizora una mejoría, lo cual nos estimula”, comenta Lidia, quien se encarga de revisar la calidad de las piezas antes de entregarla al almacén.

  Pero la Federación de Mujeres Cubanas ha apoyado mucho al taller. Ante la falta de costureras hizo un llamado a las amas de casa que dominaban el oficio para incorporarlas al mundo laboral. Kirenia Roque Jiménez es una de ellas. La joven de 32 años fue convocada por la organización de masas femenina y decidió probar suerte.

  “Soy del Consejo Popular de Guaos, distante de aquí unos 18 kilómetros, lo cual no impide que llegue temprano, pues me gusta cumplir con el trabajo. Llevo a la práctica un oficio aprendido en la academia de PAMEX hace dos cursos. Me aventuré y me va bien. Tengo un niño de seis años que cuida mi madre. Ahora mismo estamos laborando unas 12 horas diarias porque tenemos mucho que hacer. Espero que otras compañeras decidan venir hasta acá e integrar esta familia”, expresa Kirenia, mientras salen de sus diestras manos la piezas blancas de los trajes.

  Armonía, entrega, sentido de pertenencia, se confunden entre las laboriosas obreras. Nada puede rendirlas, detenerlas…, juntas vencieron a la adversidad y se crecen hoy.

15/08/2008 11:24. Mercedes Caro #. Mujer y Sociedad

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