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Ensayo a la inmortalidad

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   En un ensayo de pasar a la inmortalidad, como antes lo hiciera con la ceguera y la lucidez, José Saramago, uno de los más grandes de las letras, acaba de fallecer. El Premio Nobel de Literatura, que antes fuera cerrajero, quizá en un intento de abrir las puertas y laberínticos accesos de lo desconocido y de un mundo paralelo en lo social, dejó un legado invaluable a la humanidad: su inmensa obra.
  A los 87 años, todavía se encontraba Saramago inmerso en proyectos, 63 años después de que fuera publicada su primera novela: Tierra de pecado. De entre los más aplaudidos que recibieron el Nobel en 1998, resultó el escritor portugués, de quien dijeran en la ceremonia de investidura: "ha creado un cosmos que no pretende ser una imagen coherente del universo".  Y es que leer a este grande de las letras, es como adentrarse en un camino donde el hombre y su cosmogonía son el eje de los libros, como debiera ser siempre, el hombre en toda la dimensión semántica de esa enorme palabra. El "autor tardío", como muchos lo calificaran, por la postergación editorial de sus proyectos, el mal que deben padecer todos los escritores, dejó de respirar en Lanzarote, Islas Canarias, España, rodeado de mar y al lado de su compañera y traductora, Pilar.
  Así, como en un ensayo sobre la inmortalidad, salió de viaje José Saramago, al infinito, dejándonos a sus lectores, el legado de los libros que escribió.

18/06/2010 13:34. Mercedes Caro #. Noticias

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