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De la Robotrón a la Hanel

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 En una mañana de cualquier viernes, caminar por las arterias de la ciudad le permitirá seguir con la mirada curiosa el ir y venir de transeúntes, escuchar con oído atento la conversación surgida en las esquinas, y sentir en silencio la voz del tiempo recordando la última línea leída del semanario CINCO de Septiembre, acabadito de comprar.
  Y es que ese día resulta imperioso para muchos, no porque represente el de Venus o Afrodita, diosas del amor,  si no porque aprecian el quehacer de hombres y mujeres, entidades y organismos, quienes viven y palpitan en esta suerte de perla ubicada en el centro sur de Cuba.
  Por esas cosas que me ha dado la vida, renové mis sueños un día. Desde pequeña quería ser periodista o diplomática. ¡Vaya usted a ver las grandes aspiraciones de una niña de nueve años! Causas y azahares me llevaron, un 27 de agosto de 1980, a traspasar el umbral del sitio donde se gestaba el 5 de Septiembre, antes era así, con número. Recuerdo que tan sólo habían transcurrido escasas jornadas de mi cumpleaños 18.
  Era un constante ajetreo entre mecánicos, especialistas de montaje, pruebas de linotipos, preparación de talleres, ajustes de las mantas, confección de las cajas de tipografía, completamiento de la plantilla de trabajadores. En la puerta del futuro diario aglomerábanse los vendedores de periódicos, prestos a tener la primicia de la salida del primer ejemplar. Todos indagan por el cuándo… Los corresponsales voluntarios, acostumbrados a la radio, avizoraban un nuevo espacio para la divulgación de sus informaciones; y los vecinos ni siquiera se molestaban por el ruido de la vieja rotativa.
  Un gran acontecimiento. Cerca de las 12 del mediodía del propio 5 de septiembre, fecha histórica para esta ciudad, veía la luz pública aquel diario tan añorado. Al principio fue de pruebas, ni siquiera se cobraba. Las personas no hacían más que hablar del suceso. Los periodistas, con divino pulso para dibujar la gente y las cosas, escribían en las máquinas Robotrón; por otra parte, el staff de correctoras revisando pruebas de galeras y páginas, en el cuartito al lado del taller; los linotipistas transcribiendo en el plomo todos aquellos textos; tipógrafos emplanando lo pautado por nuestros diseñadores, en previos formatos; fotógrafos revelando sus propias fotos; mientras los fotograbadores las copiaban en una especie de plancha metálica -sólo que debían hacerlo en la sede del periódico Vanguardia.
  Luego, un terrible período especial con enormes dificultades económicas, trajo primero la reducción de tiradas y salidas a dos en la semana, y posteriormente a una, aunque no en aquella vetusta rotativa del 1903, ahora con una impresión offset, diseños realizados en computadoras con programas específicos, como el Aldus Page Maker y la utilización de fotolitos -con lo cual simplificábamos el proceso de pase a las planchas-; fotografía digital, scanner, impresora láser, todo un andamiaje tecnológico que nos llevó a prepararnos mejor.
  A no dudar un paso adelante; pero esperando el día en que volvamos al diarismo, no el de Internet, necesario, por cierto, pero al cual no tienen acceso las mayorías; sino a ese de papel y tinta, donde podamos plasmar el acontecer diario, el latir del pueblo y sus problemas comunes.
  Son 30 años de un periódico. Algunos ya no nos acompañan, como la directora Mirta Azalia Silverio, los periodistas Humberto S. Pérez y Reinaldo Rodríguez Pérez; Gilberto Vilches, tipógrafo; otros ya jubilados: Andrés García Suárez, el eterno subdirector; Elba Lourido Pérez, la experimentada correctora; Dagoberto Muñoz, linotipista; Horacio Enriquez, operador de la rotativa; Douglas Nelson Pérez Portal, diseñador; Marta Díaz, responsable del Archivo… y varios más, quienes hoy están en distintos medios de comunicación en la provincia o el país, cumpliendo misiones importantes como Enrique Román Hernández, nuestro primer director, y hoy vicepresidente del ICAP.
  De la máquina de escribir  Robotrón a la computadora Hanel. Atrás quedaron los olores del plomo recién fundido, el ensordecedor vibrar de la añeja rotativa, el papel calientito salido de las mantas, la tinta roja y negra de los inicios.
  Más maduros, acompañados por una hornada de jóvenes salidos de la Universidad, con muchas ganas de hacer un periodismo fresco y dinámico, tenemos el privilegio y la suerte de festejar las bodas de perla del “CINCO” con la Perla.

15/08/2010 23:34. Mercedes Caro #. Mujer y Sociedad

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