Facebook Twitter Google +1     Admin

A María Orquídea, Gerardo le salvó la vida

20120919204728-20120419ecc-1-.jpg

El 28 de septiembre de 2011 María Orquídea Artiles dispuso su casa para quienes añoran el regreso de Los Cinco. Ahí, en un pedazo de Cienfuegos tienen estos héroes un hogar donde se aloja la solidaridad, la voluntad, la esperanza…   

Por Alexis PIRE ROJAS

  Aún no sé si soñó con un Romeo, un Tristán o al menos un Don Quijote, pero el ambiente que la circundaba no revelaba muchas compañías. Decenas de cuadros y afiches en la pared parecían ser los únicos huéspedes. Quizás esos cinco “muchachos” expandidos por el hogar fueran sus principales confidentes, en especial uno llamado Gerardo, aunque también siente apego por Antonio, Fernando, Ramón y René.
  Por la geografía de su rostro deduje que amontonaba al menos seis décadas de andar por la vida, y fue bastante certero el pronóstico al descubrir que acumulaba 64 años de risas y llantos y tropiezos y sorpresas y miedos y aventuras y…      
  Hace mucho tiempo, varios niños leyeron y escribieron sus primeras palabras gracias a esta maestra, quien también dedicó parte de la vida a supervisar el trabajo educacional como metodóloga y en otras labores como funcionaria del gremio.    
  Cerca de la esquina donde se unen San Fernando y Cristina emerge esa vivienda que ha resistido a tantos huracanes. Hasta allí me acerqué; había llovido y el olor a la madera de la casa entraba a mi olfato. De esa manera descubrí el universo de María Orquídea, con el dibujo de una sonrisa y unos ojos que traducen los tropiezos de la vida. Así, aunque insistió en convencerme de su timidez, en el fondo sabía que íbamos a comunicarnos bien.
  ¿Por qué surge la idea de prestar la sala de su casa en favor de la lucha por los Cinco Héroes?    
  “Cuando mi mamá vivía, a cada rato me lo proponía. Ya desde el 2003 yo mantenía correspondencia con Gerardo. Había logrado mucha cercanía con él, entonces, por qué no brindar mi casa para su causa y la de los demás. Entonces un compañero de mi círculo de abuelos me ayudó e impulsó en todos estos trajines. Así, poco a poco, esto nació solo”.    
  Pudiera pensarse que al estar la casa en la misma cuadra del Partido, usted fue incitada por esa organización.
  “Para nada, esto ha sido iniciativa propia. Incluso, hace un tiempo vinieron compañeros de ETECSA a enyesarme la pared de la sala para embellecerla; esa ayuda fue completamente voluntaria”.   
  En todos estos meses, ¿Cuál ha sido la visita que más la ha impresionado?
  “La de las madres de ellos; ese fue un momento muy especial. Ellas expresaron cosas muy estimulantes, por ejemplo, me dijeron que es de las mejores iniciativas que han visto. La mamá de Antonio me confesó que ella creía que esta era la única casa dedicada a Los Cinco en toda Cuba. Además, se impresionaron con las cosas que he recolectado sobre ellos y con el sentimiento con que lucho por esta causa. Todo eso me conmovió mucho”.
  Una ligera inclinación de la cabeza me hizo entender que intentaba esconder la aflicción que ocupó su rostro. Resulta impresionante atestiguar toda la devoción con que acoge esta anciana una causa tan sublime.
  Aun cuando la casa la hayas creado en pos de la liberación de Los Cinco, los mayores acercamientos han sido con Gerardo, ¿Por qué?
  “Gerardo ya me ha escrito más de 60 veces, sus cartas son más personales, a veces siento que lo estoy viendo. He llegado a compenetrarme tanto con él que si algo le sucede lo sufro como si fuera un familiar que tengo allá”.
  ¿Qué siente cada vez que Gerardo le escribe?
  “Ay, ni me digas, ¡es una alegría muy grande!”.
  Es el momento en que María Orquídea respira profundo para contener el escape de alguna lágrima; en el transcurso de un pequeño silencio descubrí que sus ojos preguntaban: ¿A dónde quieres llegar muchacho? No obstante, prosiguió animada.
  “Al cartero le di un beso un día y entonces las demás viejas de la casa de abuelos me decían: ‘¿y tú eres familia de él?’, pero no, era por la emoción de recibir respuesta de Gerardo, hasta le hice un poema a ese cartero; luego te lo enseño. A veces la gente no entiende, pero para mí es importantísimo, es un estímulo. El día de la primera carta que me llegó, no dormí en toda la noche”.
  ¿Y cuando escuchó la voz de Gerardo?
  ¡Imagínate tú! Cuando él me dice: ‘soy yo Gerardo’, tuve que hacer un esfuerzo tremendo y me dije: que va, si me pongo con lloradera se me fastidia la llamada, tuve que aguantarme entonces hasta que se le acabó la tarjeta. Al final me dijo: ‘veo que el reloj va caminando’, así se fue la luz de aquel domingo 14 de agosto. Con esa llamada Gerardo me salvó la vida, porque yo estaba destruida, sola, enferma, con mi mamá recién fallecida; eso me dio fuerzas para seguir, sino fuera por él yo estuviera derrumbada. En cuanto colgué aquel teléfono agarré un papel y me puse a transcribir la conversación, tenía que dejar guardado ese recuerdo.
  María Orquídea encendió una luz algo tenue para que yo leyera la plática, al parecer la letra era hija de una mano temblorosa incitada por la emoción de aquel entonces, cuando terminé de leer la carta, empezó hablarme de su mamá, esta vez la voz se le escapó más entrecortada.
 “Yo viví con mi mamá toda la vida, cuando trabajé en el Escambray ella siempre estaba pendiente de lavarme la ropa y atenderme bien. Fue muy duro perderla, aunque me duró 92 años”.  
  ¿Ha sido cuestionada por dedicar su casa a la causa de Los Cinco?
  “Algunos me miaran como un bicho raro, piensan que hice esto para que me dieran una casa, pero eso no es lo que me interesa. Incluso tengo algunas goteras ahí que nadie las ve, lo que hago es esconderlas”.
  Resultaba estimulante escuchar, aunque leve, su primera carcajada. Así mismo, al tirarse hacia atrás en el sillón en busca de comodidad, descubrí que estaba entusiasmada con la conversación.    
  Desde hace un tiempo vive sin compañía, ¿esta iniciativa con Los Cinco la ha liberado un poco de la soledad?
  “Claro, ahora estoy más acompañada que nunca. Mis compañeros me apoyan con lo de la casa o si no, viene gente de la calle, visitantes de otras partes de Cuba y del mundo. Los niños pasan por aquí en busca de recortes para el mural, para un acto o una tarea. Estas actividades me han sacado la timidez; yo era retraída, apartada, de pocas palabras, pero a esta altura de mi edad ya soy otra María Orquídea. De no ser por Los Cinco yo estaría por ahí, sola, sin deseos de vivir”.
  Usted no tuvo la oportunidad de tener hijos. ¿Siente a Gerardo entonces como a ese que le falta?
  “No es que yo me lo haya propuesto, es que las cosas de la vida lo llevan a una por determinados rumbos, entonces todo eso se siente muy cercano. En la última postal que mandó por el día de las madres dijo que era para las madres biológicas y para las de corazón; yo pienso estar en el grupo de las madres de corazón”.
  ¿Quién la ayuda aquí en el hogar a limpiar y en otras labores domésticas?
  “Yo sola; no me queda más remedio. Mi mamá me ayudó cuanto pudo, pero  esas labores las hago yo, aun cuando tengo mis achaques y problemas de salud. “Lo bueno es el círculo de abuelos y estas cosas de Los Cinco que a veces ni me alcanza el tiempo. ¿Pero sabes?, en ocasiones llegan amigos vinculados a esta propia actividad y me ayudan; por ejemplo, una muchacha del MININT que trae con frecuencia a sus alumnos, fue quien me acompañó al hospital el día que me hice la endoscopía. Ahí estaba pendiente de todo, pasándome la mano por la cabeza para tranquilizarme, para hacerme saber que estaba a mi lado, y eso es muy lindo…”.
  Me había comentado también que tenía problemas en la vista y padecía de ojos secos, por lo que biológicamente era de pocas lágrimas, pero pude percibir que esas gotas de agua salada iban por dentro. Después de disculparme por privarla de la novela brasileña, me contó sobre su familia.
  “Tengo una hermana que también vive sola en Cienfuegos. Además dos sobrinos, ellos viven en Cumanayagua, pero se comunican de vez en cuando conmigo”.
   ¿Qué considera su familia de lo que ha hecho en su casa?
  “Yo pensaba que no les gustaba porque los veía medio secos con esto, pero cada vez que sale algo por la televisión y la prensa, se emocionan mucho, se sienten orgullosos, entonces parece que sí les gustó”.
    ¿Usted nunca se casó?
   “Sí, me casé, pero me divorcié y luego no lo hice más, no me fue bien…”.
  Diez años de su vida los archiva en el Escambray donde ejerció el magisterio. Antes, se había desempeñado como maestra voluntaria. También brindó un sí ante la necesidad de educadores en la brigada Frank País; más, entre otras labores, fue hasta Girón para defender la soberanía cubana.
  ¿Cree que en su vida ha dedicado mayor tiempo a lo profesional, al trabajo político y social, que a sí misma?
  “Parece que sí; renuncié a muchas cosas por eso, ni enamorados quería para ponerme a estudiar. Si las personas del barrio iban a Playa Alegre a pasarse el día, yo cargaba con mi libro y me encaramaba en una mata a leer. Hasta de la casa me descuidé; ahora me doy cuenta que debí ocuparme más de ella para tener mejores condiciones. La suerte es que en estos momentos cuento con muy buenas amistades, ellos me apoyan, así sigo adelante”.   
  Ya era algo tarde en la noche y temí haberle robado demasiado tiempo. Pensé entonces: una persona de esa edad, a esta hora, ya debe estar durmiendo; por eso precipité un poco la despedida, pero al salir me invadió algo de pesar cuando quedó en compañía de sus fotos, cartas, afiches y  sueños…, pero aun así, dormiría sola, una vez más.

 

 

Comentarios » Ir a formulario



No hay comentarios

Añadir un comentario



No será mostrado.





...

Blog creado con Blogia. Esta web utiliza cookies para adaptarse a tus preferencias y analítica web.
Blogia apoya a la Fundación Josep Carreras.

Contrato Coloriuris