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Ramona Villar Villar y la FMC: Miradas de ayer garantizan el mañana

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Por Yudith MADRAZO SOSA

  Mirar atrás cuando la madurez toca a las puertas de la existencia supone siempre el examen de lo vivido hasta entonces. Llega el instante del recuento de los primeros pasos, la nostalgia por lo momentos cumbres, el ajuste de cuentas por los fallos o la vivificación de las glorias pasadas. Es también la ocasión de vislumbrar el futuro, cuando el que cumple parece marcado con el sino de la infinitud.
  Así sucede a la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), nacida este día de 1960 tras el sí de Fidel a los reclamos de las féminas de la Isla, bajo la tutela de Vilma Espín, por una institución que las representara.
  Cincuenta y tres agostos han transcurrido desde entonces y aunque la organización mantiene la esencia de los años iniciales, los escenarios y las circunstancias donde se desarrolla resultan ahora diferentes. De ahí los aires de reanimación traídos por el proceso previo al IX Congreso, los cuales intentan devolver en delegaciones y bloques la energía y la voz a esa FMC que por momentos languidecía.
  Ramona Villar Villar inscribe con orgullo su nombre en los registros de quienes aman a dicho organismo a cuyo quehacer han dedicado, durante décadas, fuerza, tiempo y pasión.
  Contaba solo 12 años cuando ingresó en las filas de la entonces recién nacida Federación. Sin embargo, no reparó en la escasa edad para seguir los pasos de su hermana y contarse entre las fundadoras en el poblado villaclareño de Báez. Tampoco la atemorizó asumir, a partir de esa fecha, diversos cargos de dirección, de los cuales nunca se ha apartado.
  Repasa en su memoria y vuelve a vivir aquellos momentos. “Trabajábamos mucho, a pesar de que no todas las mujeres se sumaron desde el primer instante, eso lo fuimos logrando con el tiempo. Abundaban las tareas: movilizaciones hacia actividades agrícolas, apoyo a la zafra azucarera…. También hacíamos gran hincapié en la superación cultural femenina. Yo misma saqué el grado 12 y luego estudié Técnico Medio en Economía”, cuenta Ramona.
  Según alega, es una de las tantas cubanas a cuyo desarrollo personal contribuyó la propia Federación. “La organización me ha ayudado mucho. Siento un tremendo amor por ella, la llevo por dentro. Le debo el haberme preparado para la vida, siempre he contado con su apoyo”, afirma.
  Varias décadas de experiencia como dirigente femenil despiertan en Ramona la creatividad y el interés en sumar a las muchachas a la labor de la Federación, aspecto subrayado ahora durante las preliminares del Congreso.
  “Resulta muy importante preparar nuestro relevo. Con tal finalidad, damos tareas a las jóvenes. Unas quieren; otras, no, pero tratamos de involucrarlas de diversas maneras, confiándoles responsabilidades a cada una según sus intereses. Así las vamos entrenando y ya contamos con muy buenas dirigentes de delegación que nos apoyan en este trabajo. ¿Qué nos toca? Permanecer a su lado, enseñarles, mostrarles el camino a seguir”, argumenta.
  El desempeño de Ramona no pasa por alto el necesario vínculo de la FMC con  la familia. “Debemos acentuarla, sobre todo ahora cuando nos esforzamos en el rescate de valores y principios éticos. El hogar lleva el peso fundamental en la educación de los hijos para la buena salud de la sociedad y no es poco cuanto las federadas podemos contribuir a eso.
  “En nuestro bloque, por ejemplo, brindamos atención a algunos niños con problemas en el cumplimiento de sus deberes escolares. Les inculcamos el amor al estudio y si los vemos en alguna manifestación de indisciplina en la calle, a pesar de ser pequeños conversamos con ellos y tratamos de educarlos en el respeto. Por otro lado, reconocemos a aquellos hogares que constituyen ejemplos por su aporte a la formación de los hijos y a la comunidad”, comenta.
  Defensora a ultranza de la agrupación femenina instituida el 23 de agosto de 1960, en la opinión de esta secretaria de bloque, a la Federación todavía le faltan esquemas por romper y aristas por explotar en aras de mantener su posición puntera dentro de la sociedad cubana.
  “Nos encontramos ahora en una etapa significativa en el contexto de la cual buscamos fortalecer, reanimar la base. Una de las acciones emprendidas con esa finalidad radica en el rescate del trabajo que hemos visto deteriorado. Nos corresponde luchar para que la organización brille, ella agrupa a la mujer y es la promotora de los avances de las cubanas, capaces ahora de ocupar cualquier cargo y asumir cualquier responsabilidad.
  Ramona guarda un recuerdo especial de Vilma Espín, a quien personalmente conoció y cuya figura y legado considera un ejemplo imperecedero. “Las nacidas en la Isla estamos capacitadas para dirigir empresas, cooperativas, instituciones políticas, ocupar puestos en los órganos del Gobierno… y eso se lo agradecemos a la FMC y al empuje de se eterna presidenta. Constituyen logros que debemos mantener y contamos con el potencial para hacerlo”, asegura.
  Con 65 años a cuestas, Ramona Villar Villar ha crecido a la par de la FMC. Por cuanto le ha otorgado, su mirada cargada de ayer y posee los bríos necesarios para desbrozar los caminos que esta ha de recorrer en aras de garantizar su mañana.
 

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