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Luga: La visionaria que siempre fue

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  La conocí a finales de los ’80, cuando hacía mis prácticas de la carrera de Periodismo en el entonces diario provincial de Cienfuegos, Cinco de Septiembre. A la sazón, Lutgarda Balboa Egües, miembro del Buró Provincial del Partido —visionaria que siempre fue—, ya comprendía muy bien la importancia de los medios y poseía armónica relación con la prensa.

  Cada madrugada se llegaba hasta los talleres donde una desvencijada rotativa imprimía el cotidiano local, conversaba con los linotipistas y el reportero o el directivo de cierre. Intercambiaba impresiones en torno a los temas abordados en la edición que los cienfuegueros leerían a la mañana siguiente.

  Por la época mencionada ya Lutgarda, fundadora del Partido y de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), era una figura legendaria en el territorio, donde siempre se le ponderaba el arrojo patriótico de haber dirigido el batallón femenino de las Milicias Nacionales Revolucionarias durante la agresión imperialista por Playa Girón.

  Las mujeres por ella guiadas aprendieron a marchar y manejar el fusil. Realizaron guardias en centros de trabajos, ocuparon puestos laborales de obreros que fueron a combatir, sirvieron de enfermeras para atender a heridos nuestros y también a mercenarios enemigos.

  Amiga personal de Vilma Espín, a quien siempre le profesó gran admiración por su generosidad e inteligencia, Luga (como todos le dicen cariñosamente aquí), conoció a la heroína de la Sierra y el llano cuando tenía la misión de estar al frente del programa de los círculos infantiles en la provincia de Las Villas.

  Más tarde, esa relación se consolidó, al ser escogida por Arnaldo Milián, primer secretario del Partido del territorio para dirigir la FMC. De Vilma consideraría que "fue una persona de condiciones excepcionales, con una sensibilidad humana que sobresalía entre tantas cualidades: un paradigma en todos los sentidos".

  La oficina de Lutgarda, en la sede del Comité Provincial del Partido de Cienfuegos, atesora fotografías junto a Vilma y otros muchos dirigentes de la Revolución; así como múltiples reconocimientos por los resultados de una vida de entrega, compromiso y fe.

  Balboa, figura imprescindible del sistema de escuelas del Partido, además directora regional de Educación y responsabilizada con un número de misiones políticas imposibles de consignar aquí por su volumen, es modelo a seguir por las nuevas hornadas de cubanos.

  La mayor parte de los cuadros que hoy dirigen esta provincia en algún momento han reconocido el aporte de Luga en su formación.

  Cada vez que ha sido entrevistada, sus consejos a los jóvenes fueron los mismos: "Fidelidad; amor a la Revolución, al Partido, Fidel y Raúl; abnegación; exigencia; disciplina, trabajo; sencillez; compartir el problema del otro y ayudar a solucionarlo"

  El 26 de diciembre, Lutgarda Balboa Egües cumplió sus 80 años de vida. En Cienfuegos, el Partido, la FMC y muchos compañeros evocaron su trayectoria, en un encuentro provincial. Sé que ella acudió por deber; pues su natural humildad la ha hecho siempre algo escurridiza a los homenajes. Aun a sus 80, Luga continúa trabajando y creyendo. Lo hará por siempre; estoy seguro.

Palabras del homenaje por motivo de su 80 cumpleaños, celebrado el 26 de diciembre 2013

  Es probable que usted, tras leer, se sienta herida en su acrisolada modestia y sencillez. Mas apelando a otra de sus virtudes, la bondad, esperamos que nos dispense éstas que no serán frases de elogio sino verdades, y usted, martiana, lo sabe: "Sólo la verdad nos pondrá la toga viril", y porque "Honrar, honra".

  Pero no podíamos, querida Luga, dejar pasar inadvertidos sus ochenta años de fecunda vida junto a tantos cienfuegueros y cubanos que la admiran, porque han sido entregados totalmente a los demás, en la obra meritoria de la Revolución que ha entrañado en usted ejemplarmente, al asumirla en sus obras más maravillosas: la virtuosa labor pedagógica, el magisterio que ha sido toda su vida; la defensa de la Patria; la actividad creadora, formadora, en la Federación de Mujeres Cubanas, y sus 51 años entregados al Partido Comunista de Cuba.

  Todas desplegadas desde la base hasta la labor de dirección, con ese sello personal de ser humano excepcional, esencialmente educativa, de compañera y amiga, como tiene que ser un dirigente: muy comprensivo pero muy exigente; intransigente con lo mal hecho, pero sensible, incluso tierno, sembrador de ideas y de principios, en función del mejoramiento humano y la utilidad de la virtud, en cumplimiento creador de la obra de la Revolución.

  ¡Cuánto de usted tiene de bueno la Revolución en Las Villas y en Cienfuegos, sus lugares principales de desarrollo de su vida múltiple y valiosa!

  Cuando usted nace en Cienfuegos, en el seno de una familia obrera humilde, terminaba el año 1933 que tanto sacrificio patriótico y frustración dejó a los cubanos. La cuantiosa sangre de los revolucionarios y el sacrificio cruento del proletariado y campesinado cienfuegueros como parte del pueblo cubano, que logró el derrocamiento del tirano Machado, quedaba trunco, malogrado por la intervención del imperialismo norteamericano, una vez más. Acaso al nacer, asumió usted en aquel contexto angustioso, la savia vivificante, el espíritu rebelde, las virtudes patrióticas y antiimperialistas legadas por esa generación.

  Las enseñanzas primaria y secundaria, cursadas con profesores que supieron inculcar patriotismo y virtudes, así como el seno hogareño, la inclinaron hacia una de sus vocaciones que más influirían, gracias también a usted, en las generaciones siguientes, el Magisterio. Un magisterio que no fue sólo tarea u obligación laboral, fue rumbo de vida. Su vida toda será desde entonces un magisterio vivo que educa desde el ejemplo personal.

  Cuando los apremios económicos familiares hacen que abandone por un tiempo la enseñanza formal, ese mismo hecho que la obliga a abandonar su vocación para pasar a trabajar como empleada en el comercio cienfueguero, la hará razonar tempranamente sobre las desigualdades sociales y la vinculará ya decisivamente a las actividades revolucionarias.

  Su generación creció oyendo o presenciando las historias de las luchas obreras cienfuegueras en aquella etapa y las posteriores, en que sobresalían las históricas huelgas generales que paralizaban la ciudad pese a la feroz represión que causaba muertos, heridos y presos; vio con honda tristeza e indignación los desalojos campesinos y los desahucios urbanos de familias que no podían pagar la renta de sus parcelas de tierra o el alquiler de sus viviendas. Presenció abusos policiales contra jóvenes de su edad. Le dolió el sufrimiento de las niñas y niños, o mujeres que tenían que prostituirse, o ser explotados en casas de personas ricas que las obligaban a trabajar interminablemente por un salario mísero. Conoció a niños que pedían sobras de comidas en una latica sucia por las casas de la ciudad; supo de mendigos que dormían en los hermosos portales sureños, y prostitutas que colmaban bares y casas de la calle Casales. Sufrió las molestias y depredaciones de los beodos y pendencieros marines yanquis que llegaban a nuestro puerto y molestaban a familias en busca de prostíbulos… Eran recuerdos y vivencias de la década de los 50 que se agolpaban para hacer madurar a su generación.

  Acaso su desempeño como empleada del Ten Cent cienfueguero, una sucursal de la gran corporación norteamericana internacional de ese nombre, le sirvió para conocer más de esos mecanismos del imperio, así como descubrió Martí las entrañas del monstruo cuando vivió en Nueva York. Lo cierto es que usted vinculó su actividad laboral con las actividades clandestinas con el Movimiento 26 de Julio en Cienfuegos a partir del golpe de Estado de Batista de 1952.

  La sublevación del pueblo cienfueguero el 5 de septiembre de 1957 que la conmociona como a toda la población cienfueguera de entonces, afianzará su decisión radical. Será una generación rebelde y antimperialista que se sentirá moralmente obligada a cumplir todo lo que quedó pendiente de la batalla martiana por la independencia de Cuba, frustrada por la intervención del naciente imperialismo norteamericano, e inspirada por estos mambises del siglo XX que hacen renacer a los del siglo precedente.

  El advenimiento de la Revolución triunfante el primero de enero de 1959, cuando usted apenas ha cumplido sus 25 años de edad, la encuentra lista y dispuesta a participar en la nueva vida. En esa edad persisten ideas y anhelos muy románticos de poder participar en las luchas heroicas de nuestra Historia que usted enseñaba al abordar nuestras Guerras de Independencia. Ahora amanecía la oportunidad de realizarse en lo personal.

  El enemigo pronto empleó a fondo todo su poder y nos atacó de formas inimaginables, con prepotencia y odio. La Revolución, el pueblo cubano, tuvo que defenderse. Y se crearon las Milicias Nacionales Revolucionarias. Una personalidad como la suya, que perteneció a la generación que rechazó la inmoral politiquería seudo-republicana que traicionó los ideales martianos; una personalidad como la suya que creció con el sentimiento de la justicia social, que tuvo que ser fuerte y digna para sobrevivir, que participó en la lucha clandestina y vivió como fiesta personal la victoria de enero, no podía permanecer ajena a la nueva lucha reivindicadora.

  Y si antes se hizo maestra, ahora se hizo miliciana sobresaliente, tanto, que fue designada jefa del Batallón Femenino de Cienfuegos a fines de 1960. Cuando la Patria fue agredida en aquel abril de 1961, ese Batallón a su cargo cuidó a Cienfuegos para que los hombres pudieran tener bien seguras sus espaldas cuando peleaban en el primer frente contra los mercenarios del imperialismo en las arenas de Playa Girón. Podemos recordar nuestra ciudad totalmente a oscuras para evitar raids aéreos del enemigo despiadado, aquellos tres días con sus noches angustiosas, y aquellas mujeres armadas de tantas cosas sublimes, sin dormir, recibiendo sus instrucciones y sus consejos.  ¡Ah, las maravillosas milicianas cienfuegueras! Hoy las recordamos a todas al homenajearla a usted aquí, porque encarna la gloria y la grandeza de todas ellas.

  Después continuará, Luga, en 1962, el curso de la Escuela Nacional de Cuadros de Mando de la Defensa Popular, en La Habana, lugar donde se encontraba en los días gloriosos de la Crisis de Octubre. Será ese año el de su ingreso en nuestro Partido durante su constitución en el municipio de  Cienfuegos. Desde ese 1962 en que usted cumplió 29 años de edad hasta hoy, suman 51 años duros, gloriosos, como militante del Partido Comunista de Cuba. Militante y dirigente, de base y hasta el Buró Provincial, en Las Villas, primero, y en Cienfuegos después, tras la División Político Administrativa, como tenía que ser quien tanto tiene que enseñar y educar. ¡Cincuenta y un años admirables de legítima militante comunista!

  Paralelamente, en la década de los 60, cuando usted contaba de 26 a 35 años de edad, fue directora de escuelas secundarias, de tecnológicos, y directora regional de Educación en Santa Clara, y Directora Provincial de Círculos Infantiles en Las Villas. Fue maestra y fue creadora.

  Y porque era mucho lo que había que hacer y muy rápidamente, para erradicar tantas cosas malas que persistían en la sociedad, usted, querida compañera Luga, fue fundadora de la Federación de Mujeres Cubanas, como siempre, desde la base hasta llegar a ser Secretaria General de la FMC en Las Villas desde 1967. También aquí en Cienfuegos, después, sería dirigente de   base y llegó hasta el Comité Provincial de la organización.

  Eran los años duros en que había que erradicar mucha herencia nefasta del capitalismo, más bien, de la neocolonia, heredada en nuestra Patria y no ausente de nuestra provincia y ciudad. Y usted encaró con energía e inteligencia, junto a tantas federadas excelentes, a quienes recordamos hoy, porque usted también las entraña, el combate contra siglos de discriminación de la mujer, hasta lograr su emancipación y su igualdad en la sociedad, labor que continuamos.

  Transformar la mentalidad de la mujer siempre explotada y discriminada, no fue tarea fácil, prepararla para las nuevas tareas, educarla pacientemente, sembrar ideas nuevas y enfrentar incontables prejuicios e incomprensiones. No resultaba una misión de caridad, sino una labor de educación para que ellas mismas se desarrollaran, aprendieran y se convirtieran en ciudadanas útiles y respetadas. Además, facilitarles el cuidado de sus hijos en instituciones como los círculos infantiles, erradicar los barrios insalubres, la prostitución, la falta de empleos, iniciar la vacunación de los niños, la educación para acudir a los hospitales a dar a luz criaturas sanas, comenzar la alfabetización… Era una tarea múltiple, dura, pero hermosa que la hizo feliz. Fue la suya una labor de dirección esencialmente educativa y no solo dirigió con persuasión y firmeza durante décadas, sino que fue una formadora de cuadros a su imagen y semejanza. Como siempre usted al frente en todo, incluidos los trabajos voluntarios para impulsar el desarrollo económico.

  A pesar de la enorme tensión y desgaste que representaban esas tareas, Luga siempre obtuvo tiempo para atender a su familia, a su amado René, en compenetración admirable, a atender y formar a sus dos hijos, y después a sus nietas y nietos que se idolatran. Nunca dejó para luego el amor y los afectos porque siempre actúa en el plano espiritual y sabe que en la casa, en el hogar, nacen las virtudes y se establecen los límites necesarios para vivir sanamente en sociedad. Ha atendido ejemplarmente a su familia y a la de muchas compañeras y compañeros.

  Ha llevado su ejemplaridad y su experiencia como delegada a casi todos los Congresos del Partido y de la Federación de Mujeres Cubanas que se han celebrado en nuestra Patria en que ha representado a nuestro pueblo con esa dignidad y ese sentimiento maternal que la caracteriza. Ha mantenido esa experiencia en tareas como directora de la Escuela Provincial del Partido desde 1987 y en tareas como asesora del Comité Provincial.

  Siempre ha cultivado, como estudiante, profesora, trabajadora, dirigente, revolucionaria, miliciana, militante, federada, la natural consagración, la modestia y honestidad, la solidaridad y el humanismo, el alto sentido de la responsabilidad, la consagración, la fidelidad a los principios, los valores ético-morales, y ese amor inconmensurable a Fidel, a Raúl, a su admirada Vilma, a Camilo, al Che, al más humilde de los ciudadanos que acudían a contarle un problema. Siempre su amor traspasó los límites de las instituciones porque el buen comportamiento, la ética y el amor tienen que estar dentro y fuera de los organismos y organizaciones.

  Lutgarda Balboa Egües representa el corazón de la familia cubana, de los espacios de la mujer, las niñas y niños; usted nos enseñó que la familia y la Revolución tienen que ser bien compatibles. Permítasenos representarla más que como una flor, como un árbol, porque acordes con José Martí: "La educación es como un árbol: se siembra una semilla y se abren muchas ramas".

  ¡Gracias, Lutgarda, por tantas ramas que ha abierto en nuestra Patria, en nuestra provincia, nuestra ciudad y en nuestros corazones! ¡Gracias, por tanta luz, por tanto ejemplo bueno, por tanto que su vida ha propiciado para los demás!  ¡Gracias, Luga, por tanta virtud, por tantos valores que necesitamos recuperar!

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