Hablando de Género
Nicaragua: El derecho de nacer versus el derecho a la vida
Managua (PL).- Con la penalización del aborto terapéutico en octubre pasado, Nicaragua se convirtió en el quinto país, de los 193 que conforman las Naciones Unidas, donde está prohibido interrumpir el embarazo, aún cuando ello implique la muerte de la gestante.
Sólo en Chile, El Salvador, Honduras, El Vaticano, y ahora en Nicaragua, tanto los médicos como las mujeres corren el riesgo de ir a la cárcel por infringir esa ley.
En el caso de esta última nación, la medida fue aprobada en medio de la pasada campaña electoral, lo que llevó a sus detractores a acusar a la Iglesia Católica local de oportunista.
Ninguna de las dos fuerzas políticas mayoritarias en ese momento en la Asamblea Nacional -léase el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) y el Partido Liberal Constitucionalista (PLC)- se atrevió a afrontar el costo electoral que pudo haber significado oponerse a la penalización del aborto terapéutico.
A nivel de la sociedad existe, sin embargo, un gran debate, no exento de confrontación, entre los que están de acuerdo con la prohibición y los que abogan por la restitución de una figura jurídica que estuvo vigente en el Código Penal desde 1891.
Según una encuesta de la empresa CID Gallup, divulgada a finales de febrero pasado, el 55 por ciento de los nicaragüenses está a favor del aborto en caso de que el embarazo represente un riesgo para la vida de la madre.
La mayoría del gremio médico comparte la opinión de los grupos feministas y organizaciones de derechos humanos, de que con la penalización de la interrupción de embarazo por razones de fuerza mayor, Nicaragua volvió al Medioevo.
No estamos de acuerdo con que se haya penalizado el aborto terapéutico, advirtió recientemente la Federación de Médicos Pro Salarios.
Las declaraciones de esa organización, integrada por alrededor de tres mil galenos, apuntalan la posición de la Sociedad de Médicos Gineco-Obstetras de Nicaragua, la cual exige el restablecimiento de la añeja práctica.
Los ginecólogos y obstetras nicaragüenses cuentan también con el apoyo de sus colegas del resto de Centroamérica.
El aborto terapéutico es un procedimiento de necesaria existencia en la práctica de nuestra especialidad ya que salva vidas y evita complicaciones médicas severas en mujeres, aseguraron médicos centroamericanos en un reciente congreso celebrado en Managua.
La Corte Suprema de Justicia, por su parte, aún no se pronuncia sobre el recurso de amparo presentado por varias organizaciones de la sociedad civil, inmediatamente después de derogada la figura jurídica por el Parlamento.
La nueva legislatura, que se instaló en el hemiciclo parlamentario en enero pasado, tampoco tiene interés en abordar el escabroso tema por temor a entrar en conflicto con los influyentes líderes religiosos locales.
La Asamblea Nacional debate, desde hace varias semanas, un nuevo Código Penal, pero el capítulo relativo al aborto terapéutico no será discutido hasta agosto próximo.
Mientras tanto, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) teme un incremento de las muertes maternas como resultado de una medida digna de los mejores tiempos de la Inquisición.
Al prohibirse la atención integral del aborto terapéutico, se tendrá un considerable incremento de los abortos clandestinos en condiciones inseguras, alertó la OPS.
*El autor es Corresponsal de Prensa Latina en Nicaragua.
AMÉRICA LATINA: MUERTES SILENCIOSAS
Los asesinatos de mujeres y niñas aumentaron en América Latina y el Caribe en las últimas décadas y cada vez son más cruentos los signos de violencia en los cadáveres de las víctimas. Estas muertes, identificadas de forma indistinta como feminicidios o femicidios, representan el punto extremo de una situación caracterizada por la violación sistemática de los derechos de este sexo y constituyen uno de los problemas más graves en la región. El asunto apenas comenzó a visibilizarse a partir de 1993, cuando empezó la secuencia de crímenes de este tipo en Ciudad Juárez, Estado de Chihuahua, México, pero las cifras prueban la expansión del problema por el subcontinente. Aunque las defensoras de los derechos del sector coinciden en que las cifras son escasas y fragmentadas en cuanto a generocidios- como también identifica estos hechos la abogada dominicana Susi Pola-, permiten acercarse al fenómeno. La Red de Mujeres de Nicaragua consideró que en estadísticas de esta naturaleza deben incluirse también los suicidios de mujeres, porque detrás de las decisiones de las víctimas subyacen casi siempre los traumas por los maltratos recibidos en el hogar o a nivel social. Datos del Fondo de Desarrollo de Naciones Unidas para la Mujer reflejan que en los últimos seis años, Guatemala acumuló más de dos mil 500 asesinatos de mujeres; El Salvador, más de mil 530; Nicaragua 269 y Honduras, 603 entre 2004 y 2006. Los victimarios en estos países apelaron de forma indistinta a la asfixia, decapitación, estrangulación, torturas y violaciones para terminar con las vidas de esas mujeres, según el organismo internacional. República Dominicana, una de las naciones caribeñas marcada por la violencia de género, registró 158 crímenes contra mujeres en 2006, de acuerdo con estadísticas difundidas. El Instituto Nacional de la Mujer en Costa Rica, a su vez, contabilizó desde 1995 más de 300 feminicidios y un ascenso de la criminalidad contra este grupo poblacional. En Brasil, la Comisión de Seguridad de la Mujer registró 300 asesinadas sólo en el primer semestre de 2006 en Río de Janeiro y 24 mil 176 casos de agresiones que no terminaron en muerte, pero sí en lesiones corporales. Mientras, el Instituto de Medicina Legal salvadoreño asegura que cada mes son asesinadas 35,7 por ciento como promedio, al mismo tiempo que las autoridades alegan que carecen de información suficiente para determinar si existen patrones específicos de violencia de género. También el Defensor de los Derechos Humanos de Honduras Ramón Custodio, admitió que en ese territorio el 70 por ciento de los responsables de las muertes violentas de estas quedaron sin castigos. Su par en Guatemala, país que ocupa el segundo lugar a escala mundial respecto a feminicidios, contabilizó más de 80 mil denuncias por diversos tipos de violencia intrafamiliar en 2005. Rebeca Grynspan, directora regional del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, precisó que entre el 30 y el 45 por ciento de las latinoamericanas padecen de violencia física, sexual o sicológica, lo cual implica un costo del dos por ciento del Producto Interno Bruto. La violencia contra la mujer es el delito más común pero menos castigado del mundo, declaró el Secretario General de ese foro Ban Ki Moon. De igual modo, por lo menos una de cada tres mujeres fue golpeada, obligada a tener relaciones sexuales o maltratadas de otro modo a lo largo de su vida por un miembro de su familia o algún conocido. Los estudios demuestran también la relación entre la violencia contra la mujer y la expansión del Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida: las infectadas suelen haber sufrido violencia y las que padecieron maltratos, corren mayor riesgo de contraer el virus, opinó. Patrones culturales androcéntricos, sistemas socioeconómicos ligados a la discriminación en todos los órdenes y otros factores influyen en la tendencia al alza de esta problemática. Las costarricenses lograron un paso de avance el 12 de abril de 2007 con la aprobación de una Ley de Penalización contra la Violencia Doméstica, coincidieron representantes de estos organismos, mas admitieron que no es suficiente para erradicar el mal. (PL)