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Cienfuegos tuvo un Julio Verne

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  “¡Sí, aquí mismo, al lado de mi casa, vivió nuestro Julio Verne! En la puerta de esta vivienda número 3714, de la calle Argüelles, entre Prado y Cristina,  se sentaba diariamente a leer el periódico”, dice resuelto José Ramón Alemán Rosquete, coronel retirado del MININT. “Lo recuerdo perfectamente, y así consta en el Libro de Registro de Direcciones del CDR, con el nombre de Andrés Clemente Simo Muñoz. Falleció en el asilo de ancianos en abril del 2001.
  “Todo el mundo se reía de él. Claro, no es menos cierto que estaba un poco ido de la mente. Nadie podrá olvidar cómo sus vaticinios hoy constituyen una realidad”, comenta Alemán.
  A Julio Verne, el escritor francés (Nantes, 8 de febrero de 1828/ Amiens, 1905), se le atribuye el habernos puesto a soñar con sus aventuras. Inventó sitios inaccesibles y personajes admirables. Imaginó un artefacto con el cual surcaron los fondos marinos, el “Nautilus” del capitán Nemo, mucho tiempo antes del invento de Isaac Peral conocido con el nombre de sumergible; concibió el helicóptero, y un yate con hélices en la  punta de sus mástiles.
  Desafió las leyes de la gravedad con el globo novelado, llegó al centro de la Tierra y dio detalladas descripciones de animales antediluvianos, poniendo de manifiesto su extraordinaria intuición científica; y dio la vuelta al mundo en 80 días. Transcribió al papel tantos sueños como su mente inquieta le dictaba, de ahí el hecho de ser considerado el fundador de la moderna literatura de ciencia ficción.
  “Andy, como le decíamos todos los vecinos de la cuadra -explica Alemán-, era un hombre flaco, descuidado y bastante mayor cuando me mudé para acá en 1961. Debe haber tenido más de 90 años al momento de su fallecimiento. Los vecinos más viejos aseguraban que fue piloto, incluso hablaban de sus viajes por muchas partes del mundo…Tenía una gran sapiencia, era capaz de debatir acerca de temas económicos, culturales, astronómicos, política internacional… ¿Sabes?, insistía en lo imperioso de modernizar la industria del níquel, expandir el turismo…”.
  Nuestro Julio Verne o Andrés Clemente, también nació en una Isla, Cuba. Si a ello añadimos su capacidad de anticipación, la analogía con el escritor francés sería perfecta.
  Rememora Alemán cómo este loco-cuerdo anunció la necesidad de dragar la bahía de Jagua. “Mire él aseguraba con vehemencia cómo nosotros dispondríamos de un importante enclave económico. ‘Es un error, capitán, (utilizaba cualquier grado militar para conversar con mi interlocutor) construir un hotel en esa punta. Yo quisiera poder hablar con el responsable de esa obra y explicarle la urgencia de volar ese pedazo de terreno; por aquí entrarán un día grandes supertanqueros cargados de petróleo, para ser procesados en la refinería que edificarán del otro lado de la bahía; entonces, no poseeremos el calado suficiente y construirán oleoductos, con el fin de subsanar el error’. Y yo lo miraba fijo, incrédulo.
  “Me platicaba de aquellas cosas mientras miraba al cielo y se rascaba la cabeza incesantemente. Lo curioso de esta conversación, periodista, es que se produjo allá por los años 1962-63, no puedo acordarme bien, y el hotel de referencia era el Pasacaballo, inaugurado por nuestro Comandante en Jefe el 18 de julio de 1976. Fíjese, en aquel entonces ni siquiera escuchábamos hablar de la Refinería, si no me equivoco, fue a finales de 1978 cuando comenzaron a desbrazar el monte de la zona de Carolina para hacer los primeros accesos al sitio.
  “Otra de sus alucinaciones, por llamarlo de alguna manera, era aquella de construir un puente elevado para unir Pasacaballo con el Castillo de Jagua, ¡por ahí deben estar los planos hechos por él, los cuales ví con estos mismos ojos! Es una lástima no poder mostrárselos ahora, fueran una prueba irrebatible de lo que cuento. Al cabo de los años, cuando se iniciaba la construcción de la Central Electronuclear, hubo hasta sus planes para ello o al menos se discutió de tal posibilidad.
  “Una vez me interpeló en la puerta de entrada a mi vivienda, traía en la manos un proyecto de urbanización de Cayo Carenas. ¡Hasta los nombres de las calles, lugar exacto para cimentar el mercado, las viviendas, sistemas de acueducto y alcantarillado, alumbrado público y residencial…! Él pasaba mucho tiempo en una casa en el cayo, allí le conocían como ‘el hombre de los perros’, ¡tenía como 15 de esos animales! ‘Primero, hay que levantar un pedraplén desde La Milpa hasta el Cayo; ¡esa zona es bajita y se puede rellenar con piedras grandes, colocar tubos para que el agua pase y por encima asfaltar’, exponía seguro, y a uno se le antojaba tan real”, acota Alemán.
  Si los supertanqueros cargados de petróleo, la gran refinería, las carreteras que nos unen a los pequeños cayos o el gran puente elevado de Pasacaballo al Castillo de Jagua (no concretado) hubieran quedado plasmados sobre el papel, cuando la imaginación de Andrés Clemente los creó allá por los años 60 del pasado siglo, quizá tendríamos hoy maravillosas obras de aventuras, las cuales hablarían sobre el futuro del siglo XXI y encandilarían a miles de lectores ávidos de evasión.
  “El pobre hombre soñaba conque dejaran de mofarse de él: ‘usted verá, cómo un día les convenceré y podrán ver esas cosas’. Por eso les digo que nosotros tuvimos a nuestro Julio Verne”.

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