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Canto a Samay en el umbral de la inocencia

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  No sé que tiene Samay. Tan pronto la descubrí entre los demás niños fue como si un manto de magia nos envolviera; enseguida deseé hablarle, conocer todo lo relacionado con ella, ganarme su confianza, ver brotar esa sonrisa que atesora como algo divino, en ese mundo tan de ella, lleno de objetos que se le hacen grandes, muy a pesar de sus 12 años.
  Busqué en el enmarañado mundo de las redes el significado de su nombre, y el diminutivo, Sami, ése por el que todos le llaman, tiene origen libanés y es reflejo de nobleza. Su naturaleza emotiva, amable y condescendiente. Suave, cordial, sagaz, expresiva, insistente, de sueños alcanzables, pues “todo lo que me propongo lo logro”, dice sin el más mínimo reparo, para espetar de un golpe: “Quiero ser doctora o abogada”; aunque la veamos artista.
  Sami muestra facilidad para dar forma grata a las creaciones de una imaginación siempre fecunda, manifiesta en los cuentos y fábulas que escribe.  Posee una increíble destreza -a pesar de su displasia ósea generalizada- en la coordinación y ejecución de sus actuaciones, las cuales le han merecido el gran premio en festivales nacionales de artes infantiles, convocados por la Asociación Cubana de Limitados Físico-Motores (ACLIFIM).
  Interrumpí uno de los ensayos en los que está inmersa junto a la instructora de la Casa de Cultura Benjamín Duarte, Mayra de Armas Córdova; entonces, la imaginé dueña absoluta del escenario, interpretando el monólogo “Duerme negrito”, de manera magistral; y su pequeñísima estatura se me hizo inmensa, inalcanzable; y no fui más que un diminuto puntico en sus ojos claros, lindos, vivaces, inquietos, enormes...
  Su madre, Nancy Águila Madernas, no puede contener las lágrimas cuando la ve actuar. “Es inevitable, no importa cuántas veces interprete un papel, conduzca un programa, cante o baile; para mí es siempre la primera vez, y la disfruto, la admiro y vibro como nadie”, acota.
  Un hijo es el regalo más grande que te da la vida. “Las mujeres tenemos ese don sagrado, fecundar en nuestro vientre un nuevo ser. Si este nace bien el obsequio es completo; pero, cuando llega al mundo y te das cuenta de que algo le sucede, entonces redoblas los esfuerzos, agrandas el pecho para llenarlo de amor, porque ninguno será suficiente para darle”.
  “Al principio fue duro, llegué hasta acomplejarme, no podía comprender por qué me había sucedido a mí, pienso que esto mismo le ocurre a todas las madres que tienen un hijo con alguna discapacidad. Después fue tanta la ternura, el deseo de cuidarla, reconozco que la sobreprotegí. Mire, a ella la intervinieron quirúrgicamente a sólo 10 horas de haber nacido, pues tenía una deformación del tubo digestivo, una estenosis esofágica con fístula discal. Estuvo realmente muy grave. Es indescriptible la angustia vivida. Yo me enamoré de mi embarazo, era mi primera hija, la gran ilusión de toda mujer”.
  Rememora los duros días que pasó junto a su camita en el hospital Pediátrico de Cienfuegos y cómo le golpean en sus oídos los diagnósticos ofrecidos por los especialistas de la institución, Ana María Machado Consuegra, Ortopedia, y Mercedes Fonseca Hernández, II grado de Pediatría; así como el de los galenos del Instituto de Ortopedia y Traumatología Frank País, de la capital del país: coxa vara y luxación bilateral de cadera, deformidad del torax, inmunodeficiencia celular…
  Nancy y Samay, madre e hija, son un complemento perfecto. Existe confianza, apoyo, entrega. “Un día llegó a la casa y me dijo: ‘mami, tengo que decirte algo’ ‘¿sí, qué cosa?’, ‘tengo novio y se llama Roberto Javier’, y comenzó a contarme cómo él le ayudaba en la escuela; porque fue al colegio hasta el curso pasado, hoy recibe las clases en la casa”.
  Para Ángela Torres Guerrero -maestra con 37 años de experiencia, de ellos dos en la Enseñanza Especial- trabajar con Sami es algo extraordinario. “Ella es una niña de alto rendimiento, así lo corroboraron los técnicos del Centro de Diagnóstico y Orientación de Educación. Es capaz de resolver ejercicios complejos y en español es muy buena. Atiendo a otros dos niños, Marcos y Raciel”.

DRUME MI NENGRE…

  Vestida con la indumentaria imprescindible para su actuación, y en sus brazos el muñeco negro que Mayra le trajo, va diciendo los versos uno a uno, sin equivocarse, dándoles los matices precisos. “Debes proyectarte más en esa parte”, le rectifica la instructora. “Drume mi nengre que viene el loco y te llevará”
  “Desde que era chiquita me gustaba imitar a los artistas que veía en la televisión. Cantaba, bailaba…, en la escuela siempre participaba en las actividades. Estuve en el coro y el grupo de teatro del colegio. Me agrada RBD, me sé casi todas sus canciones. Con eso me siento bien, feliz, porque además de divertirme, mis amigos lo hacen también. Hago lo que puedo, me esfuerzo para hacerlo bien”, explica.
  Y de un salto imita poseer un micrófono en la mano y comienza a cantar y bailar. “Ella puede llegar a ser lo que desee “, acota la instructora de arte, quien lleva cuatro años preparando a Samay, aunque posee experiencia en la labor con discapacitados.
  “Me di cuenta enseguida que la niña tiene grandes aptitudes para la actuación, primero fueron poesías, y ya hacemos monólogos, es capaz de lograr la esencia misma de las cosas y sacarlas a la luz, imita todos los movimientos, lenguaje…, es una artista, la hemos probado en festivales y demostró valía, al punto de llevarse cinco premios: mejor actuación, puesta en escena…”.
  Mayra dirige el proyecto Despertar de un sueño, en el que participan seis niños con diferentes patologías, y se han presentado en distintos festivales de la ACLIFIM, ferias del libro, jornadas de la cultura. “Sami se desenvuelve muy bien, ahora estamos en la fase de montaje de un nuevo monólogo y estoy segura del éxito”.
  Con su “negrito” en los brazos le recita dulcemente los versos. Observa a la instructora y a los vecinos curiosos asomados al portal. Todos la quieren mucho, por ese donaire, amor a la vida, y entrega…
  Sami, con modales distinguidos va vestida con atuendo de fiesta, bordando con ribetes mayúsculos la proeza de vivir; arrostrando el dolor infinito de la imperfección humana, ésa que le tocó por arbitrio de la madre naturaleza o por el azar de nuestra existencia.

20/03/2010 10:56. Mercedes Caro #. Cienfuegueras

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