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¿Y quién dice que todo está perdido?

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 Lo honrado, lo real, lo genuino y auténtico, se enfrentan en desventaja a lo deshonesto, lo falso, lo impostado, lo ficticio. Aquiles, uno de los protagonistas de la Ilíada de Homero exclamó angustiado  “Odio, como las puertas de la muerte, al hombre que dice una cosa pero oculta otra en el corazón”. Y es que toda actividad social o empresa humana que requiera una acción concertada, se atasca cuando los partícipes no son francos.
  Porque la honradez tiñe la vida de apertura, de confianza y sinceridad, expresa la disposición a vivir en la verdad. Por el contrario, la deshonestidad busca la sombra, el encubrimiento, el ocultamiento y la falacia.
  Nuestro Héroe Nacional José Martí expuso que la honradez no es la debilidad, no es la cobardía, ni es el consejo pusilánime que se pide a los adversarios, ni la resolución que se inspira en lo que los adversarios quieren. La honradez es el vigor en la defensa de lo que se cree, la serenidad ante las exigencias de los equivocados, ante el clamoreo de los soberbios. Para él debía ser como el aire y como el sol, tan natural que no se tuviera que hablar de ella.
  Las personas, a diferencia de los personajes de novelas e historias, abrigan una variedad de tendencias e impulsos que no armonizan espontáneamente con la razón; pero sobre todo, porque aún nos falta comprender la conexión entre razón y corazón, entre valores y actuaciones, desarrollamos acciones que afectan las relaciones con los demás, pues en muchos casos se sustenta en la mentira.  
  Por otra parte, la solidaridad, ésa que expresa la realidad homogénea de algo físicamente entero, unido, compacto, y cuyas partes integrantes son de igual naturaleza, sentimiento, intereses comunes, metas, entrelazadas a los miembros de una sociedad o comunidad, puesta de manifiesto, generalmente ante las calamidades y necesidades de los demás.
  Ambas, honradez y solidaridad son las palabras con las cuales podemos describir a estas dos mujeres, María Castellanos y Teresita Mambuca, trabajadoras de la tienda Variedades (Ten Cent), perteneciente al complejo La Francia Moderna, de la Corporación CIMEX, por la aptitud asumida el pasado día 28 de junio de 2010, cuando, por descuido y dada la premura de la cliente Nancy Hernández Prado, dejaba abandonada su cartera en el mostrador del guardabolsos de dicha entidad.
  Dinero en CUC y CUP, una gran cantidad de documentos importantes, tales como el carné de identidad, tarjeta de crédito de ETECSA recién cargada, recetas médicas y turnos, tarjetas de historias clínicas y otros formaban parte del contenido del bolso. No faltó alguien “dispuesto” a entregarlo. Pero ninguna de las dos cedió ante las presiones de otros usuarios.
  “Cuando a la altura de estos tiempos muchas personas han trastocado los valores morales, humanos y de solidaridad por mezquinos valores materiales y un desmedido amor al dinero, suceden acciones como éstas para recordarnos que no todo está perdido”, comentaba Nancy, virtualmente emocionada, cuando logró, a escasas horas de su olvido, recuperar sus pertenencias intactas.
  Aquí esta el ejemplo, sencillo, cercano, de pueblo, no tenemos que buscarlo allende los mares. Aún quedan muchos hombres y mujeres dignos, honrados, solidarios; porque una persona es honrada cuando armoniza las palabras con los hechos y de da el derecho a uno mismo como una necesidad de cualquier proyecto de mejoramiento humano y en específico de la educación moral.

26/08/2010 20:02. Mercedes Caro #. Mujer y Sociedad

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