Facebook Twitter Google +1     Admin

PIEZAS DE REPUESTO vs POBLACIÓN: De la puerta hacia dentro

20131007000523-dsc05225.jpg

La reparación de los electrodomésticos entregados a las familias constituye prioridad del PAE; con el paso de los años surgieron las dificultades propias de la obsolescencia y comenzaron las roturas por el uso continuado. Los artículos vendidos como parte de la Revolución Ener­gética demandan piezas, no siempre disponibles en los talleres

 Mercedes CARO NODARSE    

  Un buen día, de un año cualquiera, irrumpieron en Cuba los refrigeradores; así de la misma manera en que hubo una primera vez para la televisión, la fotografía, la cinematografía, el teléfono, la barbería, el arte, la electricidad, el tranvía, ferrocarill…
  Refrigeradores y neveras, de petróleo y eléctricos... fueron empleados en la conservación y preservación de esencias líquidas y sólidas indispensables en la vida. Westinghouse, Kelvinator, General Electric, Frigidaire, Philco… de fabricación Made in USA; y luego los Minks (de la antigua URSS) y los INPUD (cubanos) resultaron ser el móvil de cada vivienda, o al menos, el ideal (in)alcanzable.
  Un buen día, pero del año 2006, como parte del Programa de Ahorro Energético (PAE), invadieron la Isla otros nacidos en cuna China, los “Haier”, y fueron conquistando cada domicilio en todos los municipios del país. Y llegaron, por supuesto, a esta suerte de provincia ubicada en el centro sur de la Mayor de las Antillas.
  En una numerosa manifestación policroma de colores los viejos “fríos” abandonaban el preferido espacio doméstico y le daban entrada a sus “primos” blancos. Con diversos apellidos: 250 (de dos puertas), 183 (mediano de dos puertas), y el 08 (de una puerta) los equipos constituyeron un alivio para la economía doméstica. ¡¡¡Porque miren que gastaban aquellos otros!!!
  Pero todo en la vida nace, muere o se transforma. Los años han pasado y ya las maquinarias se duelen, y las juntas, y los evaporadores, y los relay, y… ¡A los talleres!

“FRÍOS” Y CARENCIAS

  Emplazado en el Prado cienfueguero, el Taller de Refrigeración Doméstica del Programa Energético, rectorado por la Empresa de Servicios Téc­ni­cos Personales y del Hogar, brinda sus prestaciones desde los inicios del PAE (el cual se convirtió en la primera acción de carácter integral llevada a cabo en el país, de promoción del ahorro de electricidad y la cultura energética) y tiene como objeto social la reparación de los refrigeradores chinos.
  Allí los trabajadores portan de vez en vez una varita mágica —como la de Merlin— con el objetivo de satisfacer las necesidades de los clientes, las cuales van desde la solución de una pieza dañada, la adaptación de evaporadores (congeladores) —hace más o menos un año no reciben ninguno del modelo 250)—, hasta del más simple adminículo.
  Sin embargo, no siempre pueden resolver con la inventiva. Abel Arrollo Rivero, administrador del taller, asegura cómo la actividad de refrigeración ha sido la más deprimida dentro del programa. “Hace apenas unos días teníamos un listado de casi 200 personas; sus refrigeradores presentaban afectaciones en las juntas, todas del modelo 08.
  “Recibimos un stop de estas, después de siete meses de ausencias, con ello pudimos, en solo diez jornadas, llevar el registro a casi cero. En nuestro deteriorado y maltrecho motor TG y en bicicletas, salen los técnicos a visitar los domicilios, con la correspondiente orden de servicio, solicitada con anticipación; si el cliente no está, les dejan un aviso para que se personen o contacten con el taller.
  Otro de los problemas serios está en los muebles de los 250 y 183. “Teníamos un déficit de reposición de 27 —inscriptos en el registro de pendientes—, de ellos logramos resolver definitivamente cinco casos (solo entró esa cantidad) y en calidad de préstamo a cuatro (los “aparatos” forman parte de los medios básicos y son prestados a los usuarios hasta arreglar los particulares). Mucho más pudiera hacerse si lográramos incorporar la actividad de pintura y chapistería, pues salvaríamos una gran parte de esos muebles”.
  ¿Cuánto podría ahorrarse el país en lo referente a la importación de estos muebles? Resulta una interrogante que lacera en lo profundo. En el taller cuentan con un área idónea y el material humano indispensable. Pero… “en los almacenes del MINCIN y la ECEPAE (Empresa Comercia­li­zadora de Equipos y Piezas del Pro­grama de Ahorro Energético) está el herramental imprescindible, así nos dijeron cuando planteamos el problema. (…) Serían beneficiados también los muebles de los aires acondicionados”.
  Entonces… ¿qué ha pasado?, ¿por qué no han llegado a su destino?, ¿es preferible importar antes que recuperar o sustituir?
  Y esta última pregunta es válida cuando hablamos del tubo capilar —tubería interna por donde circula el gas refrigerante— el cual se tupe y afecta el enfriamiento. “Cuando llega uno con esta ‘dolencia’, comenta Abel,  nos vemos obligados a pedirle a sus dueños buscarlo por sus medios (en el mercado subterráneo, como es lógico, porque no se vende en ninguna entidad comercial), y nosotros lo adaptamos aquí”. También esperan por respuestas (¡¡¡de bien arriba!!!).
  Los relay y ese minúsculo bombillo (han recibido solo diez desde el inicio del programa en el 2006), muy solicitado por las personas de la tercera edad, forman parte de la lista de accesorios inexistentes en el almacén.
  Por eso los obreros de la entidad sienten que la mayor insatisfacción de la población resulta el no recibir la prestación plena, completa, debido a la falta de las piezas más apremiantes.

ALGO MÁS…

  El Taller de Refrigeración, está considerado como el más integral pues, al incorporarle el punto de enseres menores, realiza todos los servicios del PAE. Una de esas prestaciones lo constituye el arreglo de las electrobombas (turbinas).
  Al decir de ……, jefe del taller, cuentan con partes y componentes de las entregadas por el programa. Rodamientos, impelentes, capacitores, sellos, rotores; sin embargo (y siempre hay un pero), “cuando se diagnostica como quemada, el cliente tiene que acudir al cuentapropista; no tenemos el alambre para enrollarla”.
  Ha sido un gran dislate eliminar de estos talleres estatales a los enrolladores, y concebir el oficio solo como una actividad privada o particular. ¿La decisión?, de arriba, muy arriba. “Piensan revisarlo y reanimarlo en todo el país”, acota. ¡Ojalá!
  Una grata noticia es la recepción en el taller de aquellos artículos adquiridos por la población en las tiendas recaudadoras de dividas, a los cuales se les realizan un diagnóstico, reparaciones eléctricas no complejas, mantenimiento y gaseos, siempre que utilicen el gas ecológico R-134A.

COCER LOS ALIMENTOS: ÚNICA LA OPCIÓN

  Con la Revolución Energética llegó al cubano el imperativo del ahorro, del empleo eficiente de los recursos, en especial aquellos puestos en riesgo por el propio hombre. Un poco más adentro, cerca de su cotidianidad, cambió también la mentalidad de la gente respecto al consumo de electricidad, pues la “invasión” de hornillas, ollas, ventiladores, calentadores…, ocupó los hogares cubanos. Se hizo frecuente, entonces, el peculiar andar de hombres y mujeres con sus equipos a cuestas, de taller en taller.
  Vivian Morejón observa el trabajo desarrollado por Miguel González Bernal, el mecánico del punto de enseres menores del Taller de Refrigeración Doméstica. “No sabía del riesgo con mi olla, dice. El técnico me explicó que cuando el termostato de presión no sirve debo venir enseguida al taller. ¡Por suerte lo encontré!
  “Bueno… del servicio no tengo quejas; pero… ¡oiga el precio es muy elevado! El mes pasado traje la olla de una vecina, la cual, como yo, sola tiene una pensión de 200 pesos. Aquel arreglo salió en más de 100 ¡qué va, así no se puede!”.
  Freddy González Quero, quien también se encontraba allí con su hornilla eléctrica, expuso el buen trato recibido. “Primero hicieron un diagnóstico y después el mecánico me informó cómo solucionar el problema. Ante la falta del cable de alimentación, adaptó el de la olla arrocera y cambió los internos, esos de abajo. Aunque podré cocinar hoy, me voy medianamente satisfecho, pues no pudieron ponerle todo lo que necesitaba”.
  Desde hace diez meses en “Refrigeración” instalaron un punto de enseres menores donde “remedian” las ollas (arrocera y multipropósito), hornillas y otros artículos del PAE.
  Miguel González y Elvis del Sol Portiel, los mecánicos, han hecho ma­la­bares e innovaciones para poner en funcionamiento los electrodomésticos. ¿Causas?, la inestabilidad en el arribo de los accesorios de repo­sición, provenientes de China, amén de otras cuestiones subjetivas. No obstante las altas y bajas (muchas más las bajas), el panorama cambió desde hace unos meses, con la entrada de algunos aditamentos, los cuales han venido a aliviar el problema, aun cuando no satisfa­cen la demanda.
  “La llegada del surtido obedece —se­gún Otto Molina Peñalver, especialista principal del PAE en la provincia— a una mejor planifi­cación y organización de la acti­vidad, gracias a los vínculos con el proveedor ECEPAE, ahora con los de Santa Clara y La Habana; Cienfuegos desapareció por problemas en el control interno y otros asuntos.
  “El tema repuesto resulta bien complicado, debido a la variedad de ollas distribuidas. A la hora de repa­rarlas pueden requerir más de un aditamento y a veces (la mayoría de las veces) no están a mano. A partir del mes de abril y por acuerdos entre la Asamblea Provincial del Poder Popular y la dirección nacional del proveedor, realizamos una nivelación en el territorio. Esto trajo consigo un movimiento de los inventarios de todo el país hacia Cienfuegos.
  “Ha sido sustancial el cambio, hasta ese mes nos encontrábamos al 24 por ciento en los renglones de piezas de enseres menores y ya hoy estamos hablando de un 73, a pesar de tener aún 57 de las élites en déficit (entiéndase por ello, las resistencias de las ollas, juntas de cocción, cubiertas interiores, cables de alimentación, límites de temperatura, termostatos de mantenimientos y presión…)”.
  “Hoy la cocina eléctrica es la más estable en cuanto al suministro, tanto es así que en la mayoría de los talleres las resistencias han pasado al inventario de lento movimiento”, comenta Otto y lo reafirma Abel Arrollo Rivero, administrador del taller.

CON EL MISMO COLLAR

   La demanda de los clientes que acuden a los centros de servicio aumenta a diario, y la respuesta a sus necesidades depende de la existencia de los recursos, los cuales son todos importados y algunos están deficitarios en la actualidad. En la provincia funcionan doce talleres matrices y 40 puntos distribuidos en todas las comunidades y consejos populares. Después de atravesar un periodo crítico durante el 2012, la solución a las roturas de los aparatos distribuidos, presenta una situación más favorable.
  Durante un recorrido realizado por los talleres El Meridiano y Siboney en la ciudad capital pudimos conocer criterios y apreciar el desempeño de los trabajadores, quienes se preocupan por resolver los problemas del cliente.
  La política de estas entidades es que sus operarios piensen como pueblo y se sensibilicen con los inconvenientes de las personas
  “Mire, en la televisión hablaron sobre el traslado de las piezas ¡¡¡de todo tipo!!! hacia Cienfuegos. Pero cuando una ella al taller se encuentra que no hay de nada”, opina Otmara Conde Delgado, cliente del lugar. Traía una olla arrocera, con un verdadero estado de deterioro. Allí Yoandry Santo Rodríguez, mecánico, y los adiestrados César Alejandro Veranes Sosa y Luis Carlos Chaviano Sosa, intentaban “enmendarla” un poco.
  “Tenemos un déficit de accesorios para las arroceras”, comenta Fidel Morejón Cecilia, el administrador del taller matriz El Meridiano (tiene cinco puntos en la en la ciudad: La Gigante, Junco Sur, Petrocasas, Pastorita y Tulipán). “Esta situación de las piezas fluctúa mucho, por ejemplo de enero a marzo fueron escasas las que entraron; levantó un poco en los meses de abril-junio y ya para agosto y septiembre están bastante bien, pero continuamos con el déficit en las ‘Liya’. El equipo de la usuaria requiere una nueva resistencia. El gabinete y soporte”. Además insiste en que “de los calentadores no entra prácticamente nada”.
  Por su parte, Juan Horacio Hernández Otero, a quien llaman el “mago” de “El Meridiano”, advierte que también es evidente una mala manipulación del utensilio. “Los mecánicos nos damos cuenta cuando una de esas ollas se emplea como hornilla para hacer café, hervir agua o leche. Estas no están diseñadas con esos fines. También emplean espumaderas y cucharones de metal, e incluso le dan unos golpecitos al caldero. Todo eso daña los aparatos y pasan estas cosas que usted ve, se derriten por el exceso. Súmele, entonces, los más de ocho años de funcionamiento que ya tienen”.
  Como parte de la sustitución de importaciones, ya fabrican en el país las resistencias para las hornillas eléctricas, las cuales se tratan de perfeccionar. “Algunas vienen con problemas en los contactos, pues se caen con mucha facilidad, pero resolvemos la situación. Imagine que la vida útil de cada una (china) debe ser entre dos o tres años, ¡imposible! en Cuba. Con la vorágine de nuestra cocina, solo duran de seis meses a un año, y eso cuando les dan un óptimo cuidado, lo cual no ocurre en todos los hogares”, aclara Fidel.  En “Siboney” encontramos a Olga Ruiz Díaz, quien desde hace un año tenía la olla multipropósito —de 45 minutos— sin funcionar. Un buen día se cansó de esperar y en la asamblea de rendición de cuenta del delegado realizó el planteamiento de “la falta de piezas en los talleres, era demasiado, nuca encontraba lo que necesitaba”. Los compañeros de la Empresa la visitaron e indagaron si existían las requeridas por ella.
  “Después de la crisis por la que atravesó la de ‘45 minutos’ tenemos en existencia varios accesorios de este modelo. Por eso cuando nos llamaron mandamos a buscar a la cliente. Lo que sí está mal es la olla arrocera, no nos entra nada o casi nada”, dice Ernesto Dan Valdés, el administrador de “Siboney”.
  Bárbara Isabel Sust Martínez, intervino para reconocer la labor de los compañeros del “Siboney”. “Yo soy discapacitada y siempre que lo necesito el mecánico acude a mi casa. Pienso que debe hacerse una distribución equitativa de las piezas en todo el país, no es posible que en La Habana existan todas las de las ollas arroceras (dijo haber regresado de allá y visitado un taller) y aquí no. O en otro lugar de la Isla estén en almacén piezas que aquí se requieran o viceversa”.
  Mientras, Yoel Najarro Curbelo, muestra las condiciones en que se encontraba la cubierta interior de la olla “frijolera” de Olga. “Pienso que no existe aún cultura energética por parte de la población. Muchos de estos equipos vienen muy dañados y eso es una muestra de la mala manipulación y empleo que se les da.
  “Los trabajadores tienen un alto sentido de pertenencia y laboran en pos de encontrar soluciones que permitan la satisfacción del usuario, a pesar del déficit de piezas”, acotó.
  Olga se va con su olla reparada, le costó más de 125 pesos su arreglo, pero está feliz, ya sabe cómo proteger su equipo, pues el joven adiestrado José Antonio Hernández López le dio algunas recomendaciones.
  Incluso, cuando la mejoría es notable, debe laborarse con la máxima de que una olla, hornilla u otro equipo pendiente representa un problema para la población, fundamentalmente por la necesidad que tiene el país de cambiar su matriz de generación eléctrica, en lo cual estos enseres de cocción suponen la opción de la puerta de la casa hacia adentro y no la alternativa.

06/10/2013 18:06. Mercedes Caro Nodarse #. Noticias

Comentarios » Ir a formulario



No hay comentarios

Añadir un comentario



No será mostrado.





...

Blog creado con Blogia. Esta web utiliza cookies para adaptarse a tus preferencias y analítica web.
Blogia apoya a la Fundación Josep Carreras.

Contrato Coloriuris