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Celia Sánchez Manduley: Flores de pueblo para una flor

20080111215920-celia10-1-.jpg A quien dejó una huella inolvidable en todo el país, a la heroína de la Sierra y del Llano, a Celia Sánchez Manduley, le fueron dedicadas centenares de flores en el monumento a su memoria inaugurado el 11 de enero de 1985, en una de sus obras más queridas, el Parque Lenin.
 
  Gladiolos, orquídeas y mariposas no faltan hoy ante su monumento. Por su historia repleta de hazañas, héroes y heroínas, el pueblo cubano tributa especial cariño a Celia Sánchez Manduley, quien trabajó de 1957 a 1980 al lado de Fidel Castro, uno de los principales líderes revolucionarios del planeta.   Nació en el oriental poblado de Media Luna, perteneciente a la provincia de Granma, el 9 de mayo de 1920, y la recibieron truenos, aguaceros, frutas, flores, brisas marinas, sol intenso y el arrullo incesante de un río que baja de la Sierra Maestra.   Encabezada por el padre médico, historiador, arqueólogo y político, la familia le llenó la vida de alegría, modestia, sencillez, dulzura, firmeza de carácter, patriotismo y amor desbordado hacia los niños, la naturaleza y todo lo bello. Inteligencia, valor, carisma y pensamiento agudo, llevaron a Celia a fomentar una organización revolucionaria en la ciudad de Manzanillo y sus alrededores, para luchar contra la tiranía pronorteamericana de Fulgencio Batista.   También la condujeron a sobresalir en la lucha popular por la liberación de Fidel Castro y demás sobrevivientes de los ataques a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, y a entregarse de cuerpo y alma al Movimiento Revolucionario 26 de Julio.   Fue la principal organizadora de la red de obreros y campesinos que ayudaron a salvar una parte considerable de los expedicionarios del yate Granma, para reiniciar la lucha armada en lugares intrincados de la Sierra Maestra. Resultó, asimismo, la primera mujer incorporada al Ejército Rebelde y una verdadera madre para los guerrilleros, cuyas preocupaciones atendía con esmero y delicadeza.   Salvó incontables documentos de valor histórico, y su visión alegre y cubana quedó plasmada en escuelas, hospitales, industrias, museos y otras muchas obras. A partir de 1959, Celia dirigió el traslado de centenares de muchachos del campo a escuelas de la capital y los atendió constante y detalladamente.   Armando Hart, uno de sus camaradas de lucha, la calificó como La flor más autóctona de la Revolución Cubana.   El historiador Eusebio Leal afirmó que ella fue siempre la luz para Fidel, y sobresalió en una generación inmortal como celosa custodia de la memoria, la asistente firme y callada, la mujer de fina y delicada inteligencia, de carácter fuerte, sencilla, dulce y afable.   Este 11 de enero se cumplirá un año mas del deceso de Celia, 28 en total, manantial de virtudes que baja del Pico Turquino, donde ella y su padre colocaron en 1953, cuando se hacía más oscura la noche neocolonial, un busto del Héroe Nacional José Martí.   

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