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MARÍA ROSA GONZÁLEZ ORDÓÑEZ: Oficio para tocar las nubes

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  Una grúa de puente, de varios metros de altura, va por los carriles una y otra vez; debajo se vislumbran los bloques que va “poniendo” la máquina que operan Yoan, Félix, José Manuel y Osmany.
 Parecía que María Rosa González Ordóñez nunca terminaría la rutina diaria. Entonces nos divisó y detuvo el ir hacia un lado, arriba o abajo del guinche, y descendió por la enorme escalera que la separa del suelo y la acerca un poco más a las nubes.   El aire se empeña en  vano en despeinar sus cabellos fuertemente atados sobre la nuca y cubiertos por un pañuelo doblado en forma de cinta, pero sí la obliga a entrecerrar los ojos. Una pequeña llovizna, casi imperceptible toca su rostro anunciando la llegada del nuevo frente frío. De edad madura, no deja de ser grácil esta mujer, que no lleva más adorno que una sonrisa que contrasta con la piel morena, quizá aún más morena por el sol que a diario la fustiga.  
 No resulta fácil trabajar durante horas expuestas al sol, al polvo, al viento y mucho menos a las alturas, con esa tensión propia que causa el saber que de nuestra habilidad depende en mucho la vida de otros y el cumplimiento de los planes económicos. Si en los hombres eso constituye un esfuerzo, por demás sinónimo de una gran voluntad, qué podemos pensar de esta mujer que venció al miedo y decidió un día montarse en una grúa.   Parca en su conversación, María Rosa explica que no fue sencillo el comienzo. “Pero conté con la ayuda de mis compañeros, quienes me dieron confianza, seguridad y aliento.
 “Cuando, María Coto Valladares -otra compañera que se desempeñó también en esas funciones- me expresó que hiciera el curso para gruera porque ella iba a retirarse, sentí un poco de miedo. Yo llevo 21 años aquí, en el Combinado de Prefabricado de Cumanayagua, pero nunca se me había ocurrido realizar algo parecido.¡Vaya, que le tenía miedo, me faltaba el valor para hacer este trabajo!  “En aquel momento yo era ayudante de producción, hacía muchas cosas dentro de la empresa; por ejemplo, la fabricación de celosías y por último estaba haciendo ‘duro fríos’, que no son más que piezas que sirven para el recubrimiento del acero y el cemento. Entonces, me dan la oportunidad de hacer el curso, en el que estuve unos seis meses.  “Quiero decirle que he venido superándome a los largo de todos estos años, pues empecé como auxiliar de limpieza, después trabajé en el pañol y posteriormente entré de ayudante en la producción.
 “Al principio me daba hasta un poco de mareo la altura; pero, bueno, tengo una máxima que de los cobardes nada se ha escrito. Ya hace dos años, aproximadamente, que estoy en esta función. Hasta ahora me va bien, a tal punto que pienso retirarme aquí. A veces siento muchas preocupaciones, las cuales me inquietan, porque la grúa tiene algunos problemas con los frenos.
 “Mira, para ser gruero, primero hay que tener la voluntad de serlo, no sentir miedo para trabajar en ella; segundo, exige requisitos indispensables, como son el dominio de la capacidad total de los elementos a cargar, de qué tipo son, cómo alzarlo, cuánto pesan, cuáles deben ser izados en un momento dado.   
 “También hay que conocer la técnica del equipo, porque puede ser que le coloquen una carga que tenga un mayor peso al que la grúa pude levantar, y estos equipos están certificados para determinados pesos, entonces, eso pude ser fatal, tanto para la máquina como para los compañeros que estén cerca de la misma laborando. Es necesario determinar si la eslinga con que trabaja está en buenas condiciones, si los rieles por los que transita están bien, si el guijo que hay echarle a los cables es el correcto, todo eso hay que dominarlo bien, así como darle el mantenimiento diario que lleva.
 “A eso súmale la inmensa responsabilidad de cuidar mucho al hombre, porque hay que estar pendiente del lugar en el cual están laborando. Me gusta estar al tanto de eso, que no se pongan debajo de la carga, porque, por ejemplo, ese lugar donde tienen ubicada la máquina de producir bloques es un poco peligroso, por eso siempre estoy hablando con el operador de la misma, señalándole que tenga precaución, y se fije si los frenos están bien o que si se van, se aparten rápido para evitar un accidente.  “Creo que por esas razones mis compañeros se sienten bien conmigo, incluso cuando han tenido que mandar a otro operador, por alguna razón, ellos me extrañan mucho. Y yo me siento muy satisfecha con ellos, conozco la condición humana que los distingue, su solidaridad, ese espíritu de trabajar hasta el final para cumplir las metas y donde las diferencias no existen, ni dirigentes ni obreros, aquí sólo hay revolucionarios.  
 “Además, mis tres hijos, Abel, Yeneidy y Yunieski, me ayudan, me entusiasman, se preocupan por mí, y no creas, también me preguntan qué siento cuando estoy en las alturas, tan cerca del cielo”.
 Casi sin percatarme le robé unos minutos a esta incansable mujer. Varios hombres esperan por ella para continuar con la faena de producir bloques para cualquiera de las obras de la batalla de ideas que se construyen en la provincia.  
 Observé en derredor y sonreí. Entonces pensé que Clara Zetkin estaba segura del cometido de las féminas en el mundo cuando expresó que incorporarlas a la a la sociedad y para la sociedad, constituye duplicar las fuerzas productivas. “Mucho más, decía, la libre participación de la mujer en todas las esferas de la vida social significa una más rica y variada calidad de las conquistas”.

04/03/2011 10:43. Mercedes Caro #. Cienfuegueras

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