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¡¡¡Esa corriente que mata!!!

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Mercedes CARO NODARSE 
   
  ¿Ignorancia, negligencias, violaciones de normas, descuidos? ¡Sí, es muy posible! Pero hay mucho de intrepidez. Pues la electrocución, provocada por rayos durante las tormentas veraniegas o el contacto con la corriente doméstica, ha pasado a convertirse en la quinta causa de muerte accidental entre los cubanos. Las personas no advierten el peligro, pero este acecha ahí, y al menor descuido les roba la vida o las limita permanentemente.
  Los fenómenos más extremos de una tormenta son los rayos; constituyen el principal motivo de defunción de las personas por fuerzas naturales. En cualquier instante tienen lugar más de 2 mil tormentas eléctricas en el planeta. Las estadísticas muestran que fenecen y son afectados por esas descargas, unos mil individuos por año y la mayor parte habita en la franja tropical (entre 30° de latitud norte a 30° de latitud sur). Aunque resulte alentador, el 80 por ciento de ellas sobreviven al impacto; mientras, un 25, padece daños severos y efectos secundarios.
  ¡¿Pero, cómo quedan los sobrevivientes?! Son varias las secuelas, como el déficit y pérdida de la memoria, atención y audición, trastornos del sueño, fatiga fácil, entumecimientos, parálisis, dolores intensos de cabeza, quebranto de las fuerzas… y mucho más.
  Algunos fallecimientos están dados por fallos en las líneas; y si bien ocurren en algún momento, no representan el mayor por ciento, porque cuando una línea “cae” y va a tierra, acciona un interruptor y se “enfría”.
  Un elemento esencial en tales hechos lo constituye la existencia de “tendederas” ilegales —y sin cumplir las normas técnicas— en el interior de las casas, las cuales, incluso, son realizadas desde el tendido energizado, prohibido por la ley; la manipulación de equipos mientras andan mojados y sin zapatos; la colocación de aparatos en el interior de las viviendas sin la debida conexión a tierra; la ubicación de andamios metálicos o de conductores debajo de las vías eléctricas, y la construcción de pozos en áreas con similares características.
  También han provocado situaciones fatídicas las labores de encofrado y desencofrado, encabillado, mantenimiento de placas o construcciones de fachadas, en distintas casas con cercanía a los cables; la poda de árboles, así como treparse a coger frutos o tumbarlos de florestas cercanas a las líneas con alguna vara de metal; subirse a las columnas de hormigón que las sostienen, con el fin de atrapar algo enredado (por ejemplo papalotes) o poner un cartel, entre otras razones
  Existen datos muy interesantes relacionados con la ocurrencia de los mencionados sucesos. Veamos. Los meses de mayor incidencia: agosto y septiembre; los días de la semana: sábados y domingos; la edad más frecuente: de 30 a 45 años; el horario: entre las 9:00 a.m. y las 10:00 p.m., espacio habitual para hacer reparaciones en los hogares; los más perjudicados: hombres entre 35 y 45 años; así como niños y adolescentes entre 10 y 16, muchos de ellos lesionados seriamente mientras construyen palomares, empinan papalotes con hilo de cobre o lanzan objetos cerca de los tendidos de alta tensión. No puede descartarse a menores de 1 a 5 años, quienes gustan de introducir objetos por los orificios de los interruptores dispuestos a su alcance.
  Entre las principales consecuencias médicas producidas está la fibrilación ventricular —la más temida y letal— debido al choque eléctrico, pues depende mucho del lugar donde ocurra el hecho y de la existencia de personas entrenadas en los primeros auxilios que les permitan aplicar las medidas de reanimación. Le continúa en orden de frecuencia, la asfixia, presentada cuando la corriente atraviesa el tórax e impide la contracción de los músculos de los pulmones y la respiración, de forma tal que genera el paro respiratorio.
  Entonces, (por qué) deambular mientras las tormentas azotan; continuar bañándose en playas, ríos, piscinas o bajo un aguacero; darse una ducha cuando comienzan a producirse esas “chispas”; subirse a los techos, azoteas, árboles cercanos a los tendidos eléctricos; utilizar teléfonos fijos o móviles; tocar cables “desprendidos” en calles y aceras; no cubren todos los accesos a la corriente si hay pequeñines en casa…
  Lo consumado en materia de prevención siempre será poco. De ahí la insistencia de los compañeros de Seguridad e Inspección de la OBE en Cienfuegos, de cumplir las alertas, con el fin de erradicar o al menos minimizar la accidentabilidad. Desde hace varios años diseñaron un programa de educación y prevención, el cual incluye barrio debates, vallas, carteles, además de mensajes a través de los medios de comunicación, con el objetivo de brindarle al pueblo información acerca de los peligros al interactuar con las redes eléctricas, las circunstancias propicias para la ocurrencia del posible percance e incidir en los grupos sociales más susceptibles.
  Aunque los accidentes por contacto eléctrico es un fenómeno mundial, Cuba marca diferencias en cuanto a la voluntad política estatal y el carácter social preventivo, dirigidos a erradicar sus causas. Ahora, les toca protegerse.

06/10/2013 18:11. Mercedes Caro Nodarse #. Noticias

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