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Voluntaria de la lluvia y el tiempo

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Por Mercedes CARO NODARSE   Foto: CEDEÑO

  Puede estar lloviendo “a cántaros” o hacer un espléndido sol mañanero. No importan las circunstancias. Reinalda Ibargollín Pérez sale de su casa día a día, a las 8:00 a.m., a examinar el pluviómetro No. 533 ubicado muy cerca de la casona —construida hace más de 100 años— en el asentamiento El Túnel, perteneciente al municipio de Cumanayagua.

  Esta mujer, que ya guarda historias y años en su mente y espaldas, cumple con rigor la tarea de observadora voluntaria de la lluvia, faena realizada desde hace casi tres décadas. “Primero fue mi esposo, con él hablaron los compañeros de la Empresa de Aprovechamiento Hidráulico (EAH), de acá en Cienfuegos, le explicaron la necesidad de atender el pluviómetro y la manera de desarrollar el trabajo, algo que aprendimos todos en la casa; al fallecer nos quedamos mi hijo y yo, es algo así como una tradición familiar”, comenta

  Conocida por algunos y anónima para muchos, la misión se repite de manera inalterable cada mañana, durante los 365 días del año.  “Reporto cuál es el volumen de precipitación ocurrido en un término de 24 horas. En tiempos normales, hacemos un conteo a la hora establecida e informamos si hubo o no lluvias. Lo que suceda a partir de ese momento lo avisamos al día siguiente. No puedes decir: ¡ay, se me olvidó y no anoté! Tenemos que ser muy responsables.

  “Cuando hay intensas lluvias o tormentas, huracanes…, la medición se ejecuta de manera parcial y de acuerdo con las orientaciones de la Defensa Civil, según la fase informativa, alerta o alarma ciclónica. Aunque llueva, hay que reportar; no podemos esperar el escampón”.

  Hay personas que miran con curiosidad el pluviómetro instalado al aire libre y en una pequeña elevación; sin embargo, los habitantes de la comunidad reconocen el trabajo de Reinalda, por qué está ahí, y cuando llueve, allá van raudos a indagar. “Al otro día pasan por aquí y me preguntan: ¿cuánto llovió ayer?; le confieso algo, ese equipo forma parte ya de los objetos familiares”, acota.

  “Como ves tengo mi reglita de hasta 50,4 milímetros y en estos modelos voy escribiendo las cifras que marca el aparato. Mira, esto se hace así —y explica con verdadera maestría—, quitas el embudo y la introduces en la probeta por algunos segundos (si de aguaceros constantes hablamos, y de derramarse el contenido hacia un depósito mayor, constaría la sumatoria de las cantidades del líquido una y otra vez vertido en el recipiente calibrado). De ahí haces la lectura. El equipo no puede tener interferencias y yo no dejo que arrimen animales, lo cuido como si fuera mío”.

  “Nuestra misión es muy importante, sabemos cómo se conforman los partes diarios de lluvia emitidos por ‘Aprovechamiento Hidráulico’, y donde, por supuesto, aparece la información ofrecida por quienes conformamos esta madeja de centinelas del cielo o de las nubes, como también algunas personas nos llaman. De ahí que puedan adoptarse medidas en la agricultura u otro sector de la provincia. También contribuimos a actualizar el banco de datos de precipitaciones de la provincia, y en mi caso, al cálculo de la lluvia media del municipio Cumanayagua.

  “Así cuando Rubiera habla en el segmento meteorológico en el Noticiero o cualquier otro compañero, y aclaran ‘cayeron tantos milímetros de lluvia en tal o más cual lugar’, enseguida pensamos: ¡seguro lo dijo un observador voluntario!”.

  Ríe con una mezcla de picardía y felicidad por formar parte de una red pluviométrica, la cual ya abarca 105 objetos en comunidades intrincadas, la mayor parte operados por 64 voluntarios de la lluvia y el tiempo.

 

 

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