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Cuando me dicen ¡¿te acuerdas…?!

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A PROPÓSITO DEL 54 ANIVERSARIO DE LA FUNDACIÓN DE LA FMC

Mercedes CARO NODARSE   Foto: DORADO

  Yo tenía clavadas las pupilas en el rostro cuyos ojos tiernos y húmedos no dejaban de hurgar en el pasado. Sus manos andaban entre papeles arrugados y amarillos, recortes de periódicos, donde alguna vez se le mencionaba, las fotos de sus hijos reales y adoptivos, o de los múltiples encuentros con autoridades locales y nacionales, las décimas escritas por los hombres y mujeres del poblado donde vive, quienes deseaban resaltar su desempeño.
  Sentada en un sillón frente a mí —en la sala de su casa marcada con el 26, en la calle Juan González, de Guaos—, va frotándose los dedos y me observa, indaga acerca del porqué estoy allí. Le cuesta mucho hablar de sí misma. “¡Pero mira tú las cosas; ahí está todo!”, acota Zoraida de la Cruz López González, una mujer de imponentes quilates.
  Como el viento cuando arrastra los rumores comenzó a contarme historias. De vez en vez una sonrisa inundaba su boca o una lágrima curiosa afloraba, mientras la mirada se perdía en lontananza. Con murmullos casi misteriosos decía: “Lo que soy, lo hecho y lo por hacer es el resultado de mi labor como trabajadora social voluntaria, dentro de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), siempre en la búsqueda de prevenir, educar y ayudar”.
  “La prevención social cubre uno de los perfiles más sensibles, importantes y humanos de la organización, porque atiende a la mujer, a la familia en la comunidad. Nos interesan los conflictos, la custodia y el cuidado de los menores, aquello relacionado con la violencia de género o infantil, y el más sano desarrollo de los niños y niñas. Es una tarea impregnada de mucho amor y pasión, de entrega; se impone escuchar sin interesar el tiempo, las horas, los minutos”, aclara.
  Trascienden las evocaciones cuando rastrea en la memoria. Al triunfar la Revolución tenía 13 años de edad. “Me apasionaba pintar. Un día uno de mis dibujos fue enviado a Varsovia, Polonia. Entonces, trajeron un sobre a la casa, ¡me habían otorgado una beca para estudiar en San Alejandro! Mi madre no me dejó ir, debía ayudarla en la casa, éramos siete hermanos, y yo, la mayor. (…) Ella tenía los dedos llenos de pinchazos por la aguja de coser, fue cuando quise aprender y así la aliviaría un poco. Había una academia de costura en el pueblo, la de Rosa López; no teníamos dinero para pagar las clases; en pago, mi mamá le planchaba y lavaba la ropa”.
  Luego vino la Campaña de Alfabetización, allá por el año 1961, y con sus 15 años se hizo maestra popular. “Tuve seis alumnos, personas mayores todas. Recuerdo el llamado de Fidel, me entusiasmé mucho, no sabía si iban a dejarme. Escondida tras el escaparate lloré y lloré… No aceptaba otra negativa. Reclamé, ¡recuerden…, no me dejaron ir a La Habana con las ‘Ana Betancourt’ ni a San Alejandro! Por fin, accedieron, con la condición de hacerlo cerca del pueblo, (…) estuve en una zona conocida como Dolores y después en la escuelita de Guaos”.
  Las cosas cambiaron un poco al casarse en 1967 con Bárbaro Morejón Herrera (jubilado del MININT), su novio desde los 14 años: “¡oiga, de cuando rompíamos sillones y teníamos que enamorar por lo menos cuatro años!” (sonríe y le mira, pues él ha estado atento a la entrevista, incluso rectifica algunos acontecimientos, fechas…) La delegación dos Manana Toro, del bloque 83, supo de sus sudores y andares. Con el pequeño Daniel, de apenas 18 meses, recorría las zonas más intrincadas de la comunidad. En esa etapa ocupaba la responsabilidad de Educación y Salud.  
  “Caminábamos largos trechos para entregar el caramelo vacuna antipolio a los niños, visitábamos las casas, con vistas a apreciar la situación de las familias y la incorporación de los muchachos a las escuelas, que no faltaran a clases (…) También formé parte de las Patrullas Campesinas; algunas mujeres éramos milicianas y junto a los hombres cuidábamos los cultivos, los animales, las maquinarias y todo el poblado. (…) Ayudé en la construcción de la fábrica de cemento; en innumerables movilizaciones agrícolas, limpia de caña, recogida de papas, tomates y otras. En la construcción de las aceras de este poblado, de consultorios del médico de la familia (…)”.
  El intenso calor de agosto nos “obligó” a trasladarnos hacia la terraza, un verdadero jardín donde el verde se apodera del entorno. “Soy amante incansable de la naturaleza, las plantas, las flores, aquí tengo mi pequeño tesoro”, comenta.
  Recostada en la hamaca narra sobre las labores en la Embajada de Cuba en Yugoslavia, a donde fue de misión junto a su esposo e hijos. “Eso fue desde 1979 y hasta el 81. Había nacido Dennis 3 años antes, y Daniel tenía 12. Imagínate en la sede diplomática existía una delegación de la FMC, ¡enseguida formé parte de ella! Era algo así como una guía, asistente de protocolo. Cuando llegaban cubanos los acompañaba en los recorridos por la ciudad. Un día, salí con unos compatriotas acabados de llegar a Belgrado, entre ellos viajaba Juan Hernández, el de la TV nacional. En uno de los mercados me percaté que nos estaban siguiendo, mucha coincidencia, la misma persona en todas partes e intentando acercarse; ¡siempre andaban asediándonos!. Enseguida, y sin decirles nada, sugerí regresar. Paré un taxi y nos fuimos. ¡Era cierto!, un auto negro permanecía detrás de nosotros”.

MI HIJO ANTONIO

 “En ese andar cotidiano por las escuelas llegué a la ‘Octavio García’. Un pequeño de unos 7 años se aferraba a mí. Vivía en Guaos, allá frente a los almacenes de Acopio. Muchas veces lo encontraron durmiendo sobre las pilas de caña. Tenía otros seis hermanos. Un día llamó un vecino y comentó: ‘Hace dos meses el muchachito de la entrada no va a la escuela’. También llamó una de las auxiliares pedagógicas. Decidí ir a su casa. Cómo contarte lo que vi, fue muy duro apreciar tales condiciones. Me acerqué y le pregunté: ¿No te gusta ir a la escuela? (otra vez las palabras entrecortadas, un nudo en la garganta impide fluyan con facilidad. Decido esperar unos minutos, sé cuánto la conmueve narrar la historia de Antonio Valladares Cuéllar)
  -¡Sí, me gusta, pero no tengo zapatos ni ropa ni dinero para la guagua!
  “Me miré en ese espejo; entonces me dije: ¡yo tengo que hacer algo por él! Solo tenía 9 años. No era lo mismo educar que reeducar, él andaba por ahí, con otros muchachos. Le propongo: “Mira, si tú quieres de verdad ir a la escuela, ven mañana tempranito. Te voy a buscar uniforme, libros (…). A las 6 y 30 a.m. unos toques en la puerta nos anunciaban la vista de alguien. Era él, sucio, descalzo…
  “Calenté agua, lo bañé, le di desayuno, lo vestí con uno de los uniformes de Dennis, lo calcé; lo tomé por una de sus manos; en la otra llevaba a mi hijo. Las personas miraban  y se interrogaban: ¿Se volvió loca? En la escuelita primaria del pueblo hablé con la maestra Gladys y lo recibió. Estaba bastante atrasado en cuanto a los contenidos, pero todo el mundo hizo un esfuerzo para sacarlo adelante. Desde ese día vive conmigo, es mi hijo adoptivo. Nunca vinieron a preguntar por él ni lo reclamaron. Hoy, con 37 años, es oficial operativo de las Tropas Guardafronteras en Sancti Spíritus, se casó y tiene una niña.
  Zoraida guarda cada recorte de periódicos donde refieren acerca de él, los reconocimientos alcanzados. Con orgullo habla de sus tres hijos: Daniel, Dennis y Antonio.

Y QUÉ ES MI VIDA SIN ELLA…

  Resulta plausible escucharla cuando comenta: “La FMC es mi vida. Formé parte del Comité Provincial de la organización desde el año 1984 y hasta el 2013. He sido muchos años secretaria general del bloque 83 (1981- 2002). Electa mejor trabajadora social voluntaria de la provincia (1988-89-90); participé, en 1993, en el VI Encuentro Internacional de Trabajo Social, Derechos Humanos, Integridad y Desarrollo, y asistí al V y VIII congresos de la Federación… En el V pude estrecharle la mano al Comandante en Jefe; no existen palabras capaces de reflejar la emoción sentida. Para mí, ser federada lo significa todo, junto a mis hijos y nietas, mi esposo, con el cual llevo toda una vida, 47 años, de trabajo con y para la Revolución”.
  Atesora distinciones como la 23 de Agosto, de la FMC y la 28 de Septiembre, de los CDR; las medallas de la Alfabetización, y la Jesús Menéndez, de la CTC; los sellos conmemorativos por el 40 Aniversario de las FAR y 20 años de Vigilancia Revolucionaria, y los de 5, 10, 15 y 20 años de dirigente de la organización femenina; así como las monedas XXXV aniversario del Poder Popular y la 40 Aniversario del 5 de Septiembre.
  Zory, como le llaman los más cercanos, vive la dicha de disfrutar lo realizado y sus palabras así lo reflejan. “Quiero volver atrás un momento y explicarte una cosa. La mayoría de los casos tramitados eran jóvenes, abandonaban las escuelas, sus padres venían a hablar conmigo y planteaban: ‘ay, Madre de las Casas (por eso del Padre de…) necesito converses con el muchacho, se me va a perder (…)’. Cuando me dicen en una guagua, un coche, un carro ¡¿te acuerdas de…!? Son muchos, hoy hombres y mujeres de bien, profesionales, buenos padres, ejemplos en el trabajo. Esa es mi recompensa por la faena realizada”.
  Jubilada en el 2000, de la Empresa Provincial de Acopio, supo destacarse y merecer estímulos. “Allí fui la secretaria general del Buró Sindical primario”. También administró justicia por espacio de 20 años, al intercambiar funciones como juez lego.
  Entre los planteamientos sometidos a debate durante el IX Congreso de la FMC, destaca la necesidad de aumentar la incorporación femenina en proyectos de prevención familiar y de enseñanza de valores éticos y patrióticos. Por eso, ella no ceja en el empeño: “La prevención constituye una de las tareas que expresa el humanismo del proyecto social cubano; no podemos cansarnos nunca”.
   No sé cuánto de cierto existe en la astrología. Esta extraordinaria mujer, o “caso excepcional”, como la llamaría su esposo, nació un 24 de noviembre de 1946 bajo la égida de Júpiter, regente de los sagitarios, quienes destacan por su generosidad, optimismo y confianza. Así es Zoraida “¡mucha Zoraida!”, según los habitantes de Guaos. Por eso la eligieron delegada de la circunscripción 58, durante tres mandatos consecutivos (2002, 2005, y 2007) y presidenta del Consejo Popular en el 2006. “Pensé que no lo haría bien; no obstante, lo logré”.
  Quise averiguar más, ese nombre suyo le viene como anillo al dedo. Metafóricamente es interpretado como "la mujer que da apoyo y sujeción, ofrece confianza y ayuda; a la vez, manifiesta comprensión para los demás. Ama resolver los problemas ajenos y brindar su amistad”. ¿Lo sabían acaso sus padres al bautizarla? ¿Previeron sus dotes de humildad y respeto hacia los demás? Quizás…

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