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Cuando Baco se viste de mujer

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Mercedes Caro Nodarse
@eidita

Magalys Chaviano Álvarez
@magurrio

Comenzó a ingerir bebidas alcohólicas por acompañar al esposo, un hombre bueno, quien traía a casa todo cuanto necesitaba la familia; trabajaba duro, muy duro y ese era el modo de “pasarla bien”, botella de por medio. Pero tras haber consumido medio litro, aquello ya no era un hogar, sino un campo de batalla. Así, para evadir el caos, ella se acostumbró a beber junto a él, hasta tornarse en hábito.
El intercambio con especialistas de Salud se produjo tarde, muy tarde, en medio de una consulta forense, luego de asesinar al esposo en una de las borracheras vespertinas del cada día en las cuales se involucró la familia. Apenas si lo había amenazado con un cuchillo de cocina mientras preparaba una ensalada, y un rato después ya no había remedio. Dos hijos, uno pequeño y otro adolescente, quedaron a merced de los parientes. Ese fue el saldo de esta historia, dolorosamente real.

TRAGO A TRAGO

En todos los tiempos y épocas las mujeres han consumido alcohol, y Cuba no está exenta de ello. Aunque acá el alcoholismo femenino no se revela como una contingencia de sanitaria, quizá por la manera como se manifiesta. No obstante, es importante prevenir tal enfermedad crónica.
Un signo preocupante lo constituye el aumento de las bebedoras en las últimas décadas. No falta por ahí quien vea la génesis de tal espiral en el espacio ganado por las féminas desde mediados del siglo XX, cuando dejó de ser pecaminoso e inmoral que apuraran un trago. Llega la euforia con los primeros sorbos, y junto a ella, el brindis inicial de un suicidio que no destruye de inmediato la vida, sino la va anulando de a poco hasta hacer de su existencia un mundo infernal.
Los especialistas hacen notar que el organismo femenino contiene entre el 5 y el 10 por ciento menos de agua que el masculino. Por ello, igual dosis surte en las mujeres un efecto tóxico mayor y con mayor rapidez que en los hombres. Asimismo, le acorta el período comprendido entre los primeros signos de la enfermedad y la total dependencia.
Para conocer sobre el tema y cómo funciona en la provincia de Cienfuegos la ayuda profesional a estas personas, 5 de Septiembre conversó con el Dr. Sergio García Cordero, especialista de Primer Grado en Psiquiatría y coordinador del grupo de Salud Mental y Adicciones de la Dirección Provincial de Salud. “Se trata de un trabajo que parte de la comunidad, desde la Atención Primaria, porque es en el consultorio del médico de la familia, donde de inicio debe acercarse el enfermo. El alcoholismo es una enfermedad crónica, que no solo produce daños en lo biológico, sino también en lo social, y así debe reconocerlo quien busca ayuda profesional.
“Todos los policlínicos tienen un Centro de Salud Mental; allí con el psiquiatra del área, se establece el grupo de ayuda. La única condición exigida es la voluntad para enfrentar el tratamiento de deshabituación”.
En los últimos tiempos el alcoholismo femenino aumenta, mientras en 2010 la proporción hombre-mujer era de 10 por una, para 2015 ya es alarmante: de 10-4. Quizá las estadísticas así lo recogen por la mayor accesibilidad a los servicios especializados de Salud, o son entre otras las frustraciones ante la situación económica actual las que engrosan los números. Sobre el particular conversamos con la Dra. María Magdalena Caro Mantilla, especialista en Primer y Segundo grados en Psiquiatría, profesora de la Universidad de las Ciencias Médicas y profesional con experiencia en el tema.
“La mujer alcohólica es más estigmatizada que el hombre por su función en la sociedad. Se trata de un fenómeno a escondidas, de puertas adentro. Por lo general se inicia con la ingestión de bebidas alcohólicas acompañando al esposo. Las he visto en consulta provenientes de todos los ámbitos: desde amas de casa hasta profesionales, de modo que el nivel de escolaridad no es un factor preponderante.
“Las mujeres absorben más rápido la bebida y se vuelven alcohólicas y dependientes con mayor facilidad si las comparamos con el género masculino. Pero el daño social es superior cuando se trata de la mujer, madre, organizadora del hogar, conductora de familia… Por ello insistimos en la necesidad de buscar ayuda en nuestros especialistas, preparados para orientar según corresponda en cada caso”.
En este tipo de adicción, ellas también se convierten en diana de prejuicios que no suelen rozar jamás a los varones. Estos son únicamente enfermos, mientras las del sexo opuesto se someten a un examen social de comportamiento y moralidad, situación que las torna doblemente en víctimas. Mientras un borracho puede resultar de algún modo gracioso —en determinadas circunstancias—, una mujer en similar estado solo provoca rechazo y epítetos sumamente negativos. De ahí que se oculten para beber y no reconozcan que están realmente enfermas.

IMPACTO DE UNA REALIDAD

La calle no termina. Es como si el trazado hubiese cambiado su estructura. No está recta, zigzaguea. Las fachadas de las casas se alejan cada vez más y sus manos no alcanzan a tocarlas. Por momentos parece que va a caer. Su cuerpo se balancea ora hacia delante, ora hacia atrás. Un grupo de niños se burla, la empujan. Los más grandes le levantan el vestido. Tropieza y cae sobre el pavimento. Un líquido convulsivo sale de su boca y se entremezcla con la sangre que ha comenzado a brotar de la cabeza. Ya no se levanta…
Hace unos diez años atrás Gumersinda era diferente. Limpia, ordenada, responsable. Alistaba bien temprano a sus pequeños hijos, y a Rafael, su esposo, le despertaba con el café recién colado. Pero un día él se marchó. Entonces comenzó a beber; primero probó vinos caseros; después las dosis, pocas al inicio, aumentaron. Ya necesitaba otras bebidas, todos los días y a cualquier hora. Uno a uno le fueron abandonando. Ariel, su hijo, hacia rumbos equivocados, hasta que las rejas le pusieron fin a sus tropelías. Después, Maité, la hija, sorprendida por una maternidad a sus escasos 14 años, y por una temprana muerte, debido al propio descuido de la madre.
Gumersinda nunca pudo levantarse del piso. El fuerte impacto provocó su deceso. Solo unos instantes duró aquella agonía, prolongada en años, meses, días. Unos pocos fueron a despedirla; pero nadie lloró sobre el ataúd.
Al final, no importa si el mal anda oculto o de juerga; si velado o a la luz pública. Lo lamentable es que Baco decidió vestirse de mujer.



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