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Una trampa oportuna

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  "A pesar de todo no puedo negar que esta profesión me cautivó desde un principio. Me gusta enseñar, ver cómo mis alumnos aprenden lo que les trasmito. Cuando estoy impartiendo mis clases me siento realizada".
  Así comienza el diálogo con Catalina González Palacios, profesora de la Secundaria Básica Urbana 5 de Septiembre, de la ciudad de Cienfuegos, sin embargo, sus aspiraciones eran otras. Atraída sin remedio por la Química, optó por estudiar esta especialidad en la extinta Unión Soviética y, tras vencer los rigores establecidos para tales efectos, le fue otorgada la anhelada carrera.
  Por aquel entonces, su hermano también tenía el mismo propósito. Un repentino problema familiar colocó a ambos en una situación embarazosa. Había que decidir quién se quedaría y quién materializaría sus sueños profesionales.
  "Fui yo quien renunció. Enseguida comuniqué mi disposición a la comisión otorgadora de las carreras. Me ofrecieron la oportunidad de estudiar Química en el Instituto Superior Pedagógico Félix Varela, de Santa Clara, y acepté. Allí estuve hasta el tercer año, porque los dos últimos los hice en nuestro Pedagógico.
  "Hoy no me arrepiento del paso que di. Cuando van transcurriendo los años y me encuentro a aquellos alumnos que una vez estuvieron frente a mí en el aula y en la actualidad son profesionales, pienso que el esfuerzo realizado no fue ni será en vano. Recuerdo, además, todos los momentos vividos con ellos, en muchos casos situaciones bien difíciles, donde siempre hubo resultados alentadores".
  Desde que comenzaron las transformaciones, Catalina se desempeña como jefa de grado y también ha tenido la oportunidad de involucrarse en el proyecto de profesores generales integrales.
  "En un primer momento, cuando se conversó con los profesores sobre la necesidad de las transformaciones en Secundaria Básica, resultó impactante la noticia. Pensé que era un sueño, pero comprendí poco a poco la necesidad del cambio. Me di cuenta, por las mismas carencias de los estudiantes, que todo este proceso contribuiría de forma positiva en el aprendizaje de los pioneros.
  "Luego palpé la dimensión del proyecto cuando comencé a dedicar mayores esfuerzos, amor y muchas más horas de mi tiempo libre a mi labor para lograr el objetivo por el cual se propusieron las transformaciones.
  "En este empeño necesité del apoyo de mis compañeros especialistas en las diferentes materias y, a la vez experimenté nuevas vivencias con el uso de la tecnología".
  Desde el punto de vista humano son significativas las posibilidades de este modelo. A decir de Catalina, la reducción de la matrícula por grupos, la posibilidad de hacer una mejor labor social y estar más tiempo al lado de sus estudiantes permite al docente conocer más a fondo sus características, sus problemas más íntimos y sus inquietudes.
  "Ahora puedo educarlos mejor, y si hago esta afirmación es porque le puedo inculcar más valores positivos, porque es ahora que verdaderamente puedo prepararlos para la vida".
  La vida tendió sobre Catalina una de sus trampas oportunas. Si bien no le permitió irse tan lejos a empaparse con la Química, la situó, para bien, a lado de quienes más la necesitan: sus alumnos.
  El final de la conversación dio pie para conversar sobre la Jornada del Educador. No vacila entonces al contestar la última de las interrogantes.
  ¿Cuál sería su mensaje para los todos los pedagogos cubanos que están hoy en contacto directo con los estudiantes?
  "Ante todo mis felicitaciones por ejercer una de las más sacrificadas y nobles profesiones. Les diría que la mejor forma de celebrar esta jornada es continuar esforzándonos, preparándonos para cumplir nuestra encomienda más sagrada: formar patriotas con una cultura general integral, futuros encargados de darle continuidad a la obra histórica de la Revolución"

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