JULIA GONZÁLEZ HERNÁNDEZ: Audaces manos que dan vida

Julia González Hernández cada día engrandece con su sola presencia la magia de ser mujer. La fisonomía muestra a una recia campesina de manos cinceladas por difíciles faenas y piel curtida.
Todos los días los duendes desandan inquietos las guardarrayas y los sueños desbordan caminos para volar más allá, donde un gesto audaz pone principio a la vida cuando nace la mañana.
Ella amanece con el cantío del primer gallo de su patio y sale con el jolongo a cuestas, a recorrer los tres kilómetros y medio que distan de su casa hasta el centro de labor.
Tiene una hija y sola mantiene su hogar. Y como dice, no siente cansancio "pues cada día al regresar pienso en lo mucho que agradecerán mis compatriotas el esfuerzo, las gotas de sudor que han regado los canteros o estas cicatrices de mis manos, las mismas que un día bordaron pañales y pañitos de cocina".
Trabaja en las casas de cultivo protegido, de la Empresa Cítricos Arimao, ubicada en el municipio más montañoso de la provincia de Cienfuegos. Durante tres décadas, las tierras de la Cooperativa de Producción Agropecuaria Mártires de Cumanayagua conocieron de su entrega.
Fueron muchos los quintales de viandas, hortalizas y granos que cosechó.
Cuando pasó a tabacalera y ganadera, dejó una marca inconfundible. "Me pusieron a prueba un mes y me asignaron los trabajos más duros. Tenían miedo de que las mujeres fallaran; tanto es así que allí sólo había hombres, 48 en total. Primero fui a una nave de cultivo del melón, con el objetivo de seleccionar los mejores para la comercialización. Al culminar la jornada dejaba todo limpio y organizado; demostré que sí podía".
"Ya en otra cámara, dedicada a lechuga y acelga, recogía dos toneladas en igual tiempo. Hoy, estoy en una de pepino y ají. En un año de labor los convencí porque nosotras somos capaces de muchas cosas".
"El tomate iba bien, pero los huracanes y las lluvias nos hicieron desmontar los techos y perdimos una cantidad grande de toneladas. Eso me dolió; ya las posturas estaban lindas y prometían una buena cosecha. En estos momentos, aunque existen tres naves sin techar, las sembramos de lechuga y acelga para garantizar los vegetales en esta etapa de frío".
A Julia se le antoja comparar el trabajo agrícola con la crianza de los hijos: "Cuando una es madre los ve crecer, se preocupa por ellos, los cuida, les vela el sueño, cambia el pañal cuando lo mojan, no olvida la toma de leche de la madrugada".
"Igual me ocurre cuando atiendo mis plantas. Siento revivir aquellos años; es como cuando la criatura crece, así vemos desarrollarse las posturas y la preocupación se hace mayor: si les cae alguna plaga, si la temperatura no es la más adecuada, cuándo realizar el riego y cómo podar para no dañarlas... Al hijo lo preparamos hasta que se hace hombre; a las plantas, las cuidamos hasta que son trasladadas hacia el mercado".
"Mi padre me enseñó a labrar la tierra. Eso me reconforta y enorgullece. Las faenas del campo no matan a nadie, al contrario, te fortalecen. Llamo a todas las cubanas a que den el paso al frente en esta hora, cuando la agricultura ha sufrido tan duros golpes. Somos capaces de hacer mucho en el surco porque estamos llenas de amor".
Semejante impronta le ha valido para figurar como miembro del Comité Provincial de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), en Cienfuegos. "La FMC ha significado mucho para mí. Desde los ocho años, allá por la comunidad de Crespo, iba a los trabajos voluntarios en la recogida de caña, a pintar las vaquerías. Las federadas de allí me inculcaron el amor y respeto a esta organización".
"Cuando cumplí los 14 fui financiera de mi Delegación de la FMC y, gracias a los cursos que daba la organización, me hice costurera y bordadora un año más tarde. Al entrar a formar parte de la cooperativa, me designaron secretaria general del bloque. Estoy muy contenta de que me eligieran miembro del Comité Provincial y de haber sido seleccionada como una de las ocho federadas más destacadas de la provincia".
Al conversar con Julia González Hernández, se le puede presentir el pensamiento tras la solidez de las palabras. Así es la grandeza de esta campesina que no aspira a más gloria que la de arrancarle frutos a la tierra, sin parar mientes en dolores ni sacrificios.
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Leocadia Gante -
Mercedes Caro Nodarse -
Marisela -
Marisela -