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Evas al Sur: blog de la mujer cienfueguera

HAYDÉE VILLAVICENCIO GARCÍA: Alegoría a la consagración

HAYDÉE VILLAVICENCIO GARCÍA: Alegoría a la consagración

  En un reparto de la ciudad de Cienfuegos, deshoja sus días, Haydée Villavicencio García, una mujer ajena a la inacción, cuya página de vida habla del esfuerzo y la consagración. Fundadora de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), pertenece al grupo de personas que despiertan el asombro entre quienes se asoman a sus más de cinco décadas de bregar al servicio de la Revolución.
Sobresale entre los cuadros colgados en las paredes de la sala de su hogar, una foto de Fidel Castro Ruz. "Al comenzar a dirigir la Federación en la provincia, Humberto Miguel Fernández me obsequió este cuadro del Comandante en Jefe para colocarlo en la puerta de la oficina. Él me dijo: ’cuando sientas que no puedes más, míralo y recobra fuerzas’. Significa mucho para mí. Por eso una vez cumplidas mis funciones, lo traje a la casa", comenta.
Frase a frase, el diálogo cobra cuerpo mientras se puebla de anécdotas y memorias. El haber crecido en el seno de una familia obrera, hija de un hombre muy revolucionario, militante del Partido Socialista Popular, marcó su formación ideológica, tanto como el ejemplo de ambos progenitores despertaron en ella el sentido de la laboriosidad, vigente en su personalidad hasta hoy.
"Yo estudiaba en la Normal para Maestros, con mucho sacrificio, pues mi madre era conserje, y mi padre, zapatero. Por las noches iba a la Escuela de Oficios. Mi mamá insistía mucho en la preparación por considerarla la única forma de abrirme paso en la vida. Vivía en una zona muy proletaria, cerca del Distrito Naval. Al triunfo de la Revolución, acababa de graduarme como maestra y no tardé en incorporarme al proceso", rememora Haydée.
Por aquellos años, la entonces joven educadora se trasladó para la montaña, donde tuvo la oportunidad de vivir la consolidación del naciente proyecto social de la Isla con la Limpia del Escambray. Incursionó en el pilotaje y luego en la Campaña de Alfabetización. Mientras laboraba en la Escuela de Formadores de Maestros en Topes de Collantes, estudiaba Pedagogía en la Universidad de La Habana, los fines de semana.
De regreso a la ciudad de Cienfuegos, pasó a la Enseñanza Secundaria hasta 1971, cuando resultó promovida al Buró Municipal del Partido. El año 1974 marcó el inicio de su desempeño como secretaria general de la FMC en la Perla del Sur, cargo que ocupó hasta 1989, si bien se mantiene todavía activa, pues encabeza la organización en su delegación.
Usted estuvo entre las fundadoras de la Federación. Hábleme de los momentos iniciales.
"Acompañé a mi mamá en el trabajo de agrupar a las mujeres. Al trasladarme a la montaña, ayudé en la captación de muchachas para el curso de Corte y Costura en la escuela Ana Betancourt. Lo primero entonces fue luchar porque las féminas se incorporan al trabajo y a los cursos de superación. Imagínate, en aquellos tiempos, sólo un 12 por ciento de la fuerza laboral de Cuba pertenecía a nuestro sexo y estaba vinculada en su mayoría al trabajo doméstico.
¿Cree que ha cambiado la esencia de la organización con el decursar del tiempo?
"La esencia iba cambiando con los avances del país. Del empeño por el ingreso al empleo y la superación cultural, transitamos a la lucha por la igualdad y la emancipación. Recuerdo que durante el Congreso celebrado en el ’80, combatíamos los conceptos machistas sobre el adulterio, tolerado para los hombres y condenado con fuerza en la mujer. Con las transformaciones sociales se ha modificado también la labor de la Federación.
"En el presente la agobian ciertas dificultades, como la poca participación de las jóvenes en sus tareas. Y esto se debe en gran medida a la falta de incentivos en el hogar, donde tienden a justificar la apatía y el estancamiento ideológico. Debemos lograr que la familia inculque a la nueva generación los principios por los cuales luchamos y cada cual aporte su cuota de esfuerzo a la consolidación de nuestro proyecto social".
El hecho de haber viajado por varios países de Europa, Asia, África y América Latina; y realizado investigaciones sociales para la Organización Internacional del Trabajo, revela a una cienfueguera plena de vivencias y conocimientos. Su avidez de ser útil, unido a la filosofía de "ganar dinero sólo trabajando", la llevó a incursionar, luego de jubilada, en la artesanía, la innovación científica y la labor comunitaria con niños, pacientes psiquiátricos y personas de la tercera edad. En la actualidad integra la Asociación Cubana de Artesanos Artistas (ACAA).
¿Qué la reconforta más?
"El intercambio con niños y ancianos, ver cómo gracias a mis enseñanzas, cosechan los frutos de la creatividad y la búsqueda de información".
Miembro del Comité y del Secretariado Nacional de la FMC durante décadas, el quehacer y la vida de Haydée estuvieron liados, en apretado lazo, con Vilma Espín. ¿Cómo la recuerda?
"Vilma era una mujer de una inteligencia y una capacidad de trabajo enormes, pues además de fungir como Presidenta de la organización, colaboraba con el Ministerio de la Industria Alimentaria (recordemos se había graduado de Ingeniería Química). Pero su aporte mayor residía en el ejemplo. Poseía una modestia extraordinaria y mostraba un vínculo real con el pueblo para conocer sus problemas y cómo ayudar mejor a la familia, de la cual ella fue una gran defensora. Se preocupaba mucho por la formación de los niños y otorgó un empuje extraordinario a las relaciones internacionales. Por eso la Federación logró avanzar tanto. En los momentos difíciles de mi vida, siempre pienso en Vilma".
Vuelvo los ojos a la pared y otra vez acapara mi atención el cuadro de Fidel. Entonces formulo la pregunta: ¿Qué sentimientos le suscita?
"Hay gente que pasa y gente que perdura. Fidel perdura en el tiempo por su proyección, su tenacidad y su visión futurista". No necesita decir cuánto cariño le despierta. La emoción se torna acuosa en sus ojos.
Se despide con la misma afabilidad con la cual antes recibió a los reporteros. Entre tanto, la periodista se pregunta cómo abordar en escasas líneas a quien ha hecho.

ALEIDA CURBELO ÁLVAREZ: Con la Federación en las arterias

ALEIDA CURBELO ÁLVAREZ: Con la Federación en las arterias

 “La organización va conmigo, corre por mis venas”. Tales palabras abandonan la simple composición de una frase para convertirse en genuina expresión de lo que la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) representa para Aleida Curbelo Álvarez, secretaria general... del Bloque 12 B, perteneciente al Consejo Popular Centro Histórico, en Cienfuegos. Al arribar a los catorce años, Aleida inició una estrecha relación con el grupo femenil. La mayor muestra de lealtad y apego en ese vínculo radica en que nunca ha rehusado a desempeñarse en cargos de dirección, posición desde la cual contribuye a perpetuar su funcionamiento. Por su desempeño, Aleida sobresale entre las dirigentes de base en la provincia.
“Me gusta mucho este trabajo. No resulta fácil, pues debe realizarse en el poco tiempo libre que nos queda, pero es muy bonito. Esta labor nos une y convierte en una familia”, aduce Aleida, cuya profesión de educadora le concede talento para aunar voluntades en la comunidad.
¿Cuál es su fórmula para hacer que las personas respondan cuando convoca las tareas?
“Llevar las riendas de la Federación desde la base demanda mucho amor, persuasión, convencimiento y ejemplo. Aquí no puede haber imposiciones. Yo respeto mucho a mi secretaria de delegación, como una federada más. Participo en sus reuniones y acato sus decisiones. Y como cabeza del Bloque, visito a mis homólogas en las delegaciones para velar por el cumplimiento de las orientaciones”.
En la opinión de esta mujer entusiasta y comprometida, el quehacer dentro de la Federación debe ser sistemático y constante. “No admite espacios libres. De lo contrario, fracasa”, argumenta, mientras señala como una deficiencia del funcionamiento de la FMC la poca asiduidad de las reuniones.
“Resulta necesario que las dirigentes desplieguen más iniciativas y no esperen sólo por las orientaciones del municipio o la provincia. Urge buscar mujeres con el espíritu de Mariana, Celia, Haydée y Vilma que digan: la Federación está aquí, éste es tu momento de actuar. El VIII Congreso nos infundió fuerzas para continuar, pero sabemos que a Cienfuegos todavía le falta mucho por hacer”, considera Aleida.
¿Qué debe hacerse para lograr un mayor apego de las muchachas a la labor de la Federación?
“Considero eso depende en gran medida de los padres, especialmente las madres. No podemos aceptar, por ejemplo, que nuestras hijas jóvenes estén durmiendo mientras el resto de las federadas se reúnen. Si las progenitoras no sienten apego por la organización, difícilmente lo puedan inculcar a sus descendientes”.
Usted labora como profesora de Matemáticas en el Instituto Superior Pedagógico Conrado Benítez García. ¿Cómo se las arregla para llevar adelante una labor que demanda tanto tiempo junto con la dirección de un bloque de la FMC?
“Cuando una tiene deseos de emprender las cosas, lo logra. Y no sólo me dedico a eso; sino también comparto mis horas con las labores hogareñas, la artesanía, la poesía y la atención a mi nieto. Pero si haces en el día todo lo que te corresponde, puedes poner la cabeza sobre la almohada y dormir tranquila. Se trata de organizar el tiempo de manera que te alcance para todo”.
¿Qué representa Vilma para usted?
“El faro que alumbra mi camino”.
¿Cree posible la desaparición de la FMC algún día?
“No. Tendrá nuevos roles, porque resulta necesario su renovación a la par de los cambios en la sociedad. Pero no puede desaparecer. Representa la unidad de la mujer cubana. Constituye la fuente que nos dio la luz, la fuerza y, por tanto, está en nosotras hacerla florecer cada día, reanimarla con matices diferentes, pero manteniendo siempre su esencia”.

MARÍA ROSA GONZÁLEZ ORDÓÑEZ: Oficio para tocar las nubes

MARÍA ROSA GONZÁLEZ ORDÓÑEZ: Oficio para tocar las nubes

  Una grúa de puente, de varios metros de altura, va por los carriles una y otra vez; debajo se vislumbran los bloques que va “poniendo” la máquina que operan Yoan, Félix, José Manuel y Osmany.
 Parecía que María Rosa González Ordóñez nunca terminaría la rutina diaria. Entonces nos divisó y detuvo el ir hacia un lado, arriba o abajo del guinche, y descendió por la enorme escalera que la separa del suelo y la acerca un poco más a las nubes.   El aire se empeña en  vano en despeinar sus cabellos fuertemente atados sobre la nuca y cubiertos por un pañuelo doblado en forma de cinta, pero sí la obliga a entrecerrar los ojos. Una pequeña llovizna, casi imperceptible toca su rostro anunciando la llegada del nuevo frente frío. De edad madura, no deja de ser grácil esta mujer, que no lleva más adorno que una sonrisa que contrasta con la piel morena, quizá aún más morena por el sol que a diario la fustiga.  
 No resulta fácil trabajar durante horas expuestas al sol, al polvo, al viento y mucho menos a las alturas, con esa tensión propia que causa el saber que de nuestra habilidad depende en mucho la vida de otros y el cumplimiento de los planes económicos. Si en los hombres eso constituye un esfuerzo, por demás sinónimo de una gran voluntad, qué podemos pensar de esta mujer que venció al miedo y decidió un día montarse en una grúa.   Parca en su conversación, María Rosa explica que no fue sencillo el comienzo. “Pero conté con la ayuda de mis compañeros, quienes me dieron confianza, seguridad y aliento.
 “Cuando, María Coto Valladares -otra compañera que se desempeñó también en esas funciones- me expresó que hiciera el curso para gruera porque ella iba a retirarse, sentí un poco de miedo. Yo llevo 21 años aquí, en el Combinado de Prefabricado de Cumanayagua, pero nunca se me había ocurrido realizar algo parecido.¡Vaya, que le tenía miedo, me faltaba el valor para hacer este trabajo!  “En aquel momento yo era ayudante de producción, hacía muchas cosas dentro de la empresa; por ejemplo, la fabricación de celosías y por último estaba haciendo ‘duro fríos’, que no son más que piezas que sirven para el recubrimiento del acero y el cemento. Entonces, me dan la oportunidad de hacer el curso, en el que estuve unos seis meses.  “Quiero decirle que he venido superándome a los largo de todos estos años, pues empecé como auxiliar de limpieza, después trabajé en el pañol y posteriormente entré de ayudante en la producción.
 “Al principio me daba hasta un poco de mareo la altura; pero, bueno, tengo una máxima que de los cobardes nada se ha escrito. Ya hace dos años, aproximadamente, que estoy en esta función. Hasta ahora me va bien, a tal punto que pienso retirarme aquí. A veces siento muchas preocupaciones, las cuales me inquietan, porque la grúa tiene algunos problemas con los frenos.
 “Mira, para ser gruero, primero hay que tener la voluntad de serlo, no sentir miedo para trabajar en ella; segundo, exige requisitos indispensables, como son el dominio de la capacidad total de los elementos a cargar, de qué tipo son, cómo alzarlo, cuánto pesan, cuáles deben ser izados en un momento dado.   
 “También hay que conocer la técnica del equipo, porque puede ser que le coloquen una carga que tenga un mayor peso al que la grúa pude levantar, y estos equipos están certificados para determinados pesos, entonces, eso pude ser fatal, tanto para la máquina como para los compañeros que estén cerca de la misma laborando. Es necesario determinar si la eslinga con que trabaja está en buenas condiciones, si los rieles por los que transita están bien, si el guijo que hay echarle a los cables es el correcto, todo eso hay que dominarlo bien, así como darle el mantenimiento diario que lleva.
 “A eso súmale la inmensa responsabilidad de cuidar mucho al hombre, porque hay que estar pendiente del lugar en el cual están laborando. Me gusta estar al tanto de eso, que no se pongan debajo de la carga, porque, por ejemplo, ese lugar donde tienen ubicada la máquina de producir bloques es un poco peligroso, por eso siempre estoy hablando con el operador de la misma, señalándole que tenga precaución, y se fije si los frenos están bien o que si se van, se aparten rápido para evitar un accidente.  “Creo que por esas razones mis compañeros se sienten bien conmigo, incluso cuando han tenido que mandar a otro operador, por alguna razón, ellos me extrañan mucho. Y yo me siento muy satisfecha con ellos, conozco la condición humana que los distingue, su solidaridad, ese espíritu de trabajar hasta el final para cumplir las metas y donde las diferencias no existen, ni dirigentes ni obreros, aquí sólo hay revolucionarios.  
 “Además, mis tres hijos, Abel, Yeneidy y Yunieski, me ayudan, me entusiasman, se preocupan por mí, y no creas, también me preguntan qué siento cuando estoy en las alturas, tan cerca del cielo”.
 Casi sin percatarme le robé unos minutos a esta incansable mujer. Varios hombres esperan por ella para continuar con la faena de producir bloques para cualquiera de las obras de la batalla de ideas que se construyen en la provincia.  
 Observé en derredor y sonreí. Entonces pensé que Clara Zetkin estaba segura del cometido de las féminas en el mundo cuando expresó que incorporarlas a la a la sociedad y para la sociedad, constituye duplicar las fuerzas productivas. “Mucho más, decía, la libre participación de la mujer en todas las esferas de la vida social significa una más rica y variada calidad de las conquistas”.

LUTGARDA BALBOA EGÜES: Mariana de otra guerra

LUTGARDA BALBOA EGÜES: Mariana de otra guerra

  Extraordinaria mujer, incansable luchadora, madre, abuela, militante, revolucionaria. Decir su nombre es como evocar la historia más contemporánea de la Patria y de la región central del país. “Vilma Espín fue sencillamente una persona de condiciones excepcionales, con una sensibilidad humana que sobresalía entre tantas cualidades: un paradigma en todos los sentidos”.
Con esas palabras comenzó esta entrevista, Lutgarda Balboa Egües -destacada fundadora de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) en Cienfuegos-,  mientras acariciaba con la mirada una foto suya junto a la destacada combatiente de la Sierra y el llano.
¿A la luz de estos 50 años, cómo recuerda los inicios de la FMC?
“En primer lugar, vale destacar que desde su fundación, nuestra organización tuvo como principal objetivo, dignificar la imagen de la mujer cubana y darle plena incorporación la sociedad. Recuerdo la incorporación de las mujeres a las tareas productivas y políticas, no siempre vista con buenos ojos por el machismo todavía imperante.
“Le debimos mucho a la confianza y la visión que siempre tuvo nuestro Comandante en Jefe en la fuerza femenina; en la admiración de Fidel por el amor, la entrega y consagración que ponían las compañeras en cuanta tarea nos encomendaba la Revolución.
“De mi experiencia personal, tuve el privilegio de dirigir el primer batallón de mil milicianas a raíz de la invasión por Playa Girón. Aprendimos a marchar y manejar el fusil. Hicimos guardias en centros de trabajos y hasta ocupamos puestos laborales de obreros que fueron combatir, servimos de enfermeras para atender a heridos nuestros y también a mercenarios enemigos”.
¿En qué circunstancia conoció a Vilma Espín?
“Déjeme decirle que la creación de los círculos infantiles fue una de las obras más hermosas de la Federación y a la que Vilma le dedicó toda su atención. Precisamente estaba yo al frente de ese programa en la antigua provincia de Las Villas, cuando tuve la oportunidad de relacionarme con la presidenta nacional de la FMC.
“Más tarde, la dirección del Partido, en la persona de su primer secretario Arnaldo Milián, me asignó la responsabilidad de la secretaría general de la organización femenina en el territorio villareño.
“Entonces, las propias funciones propiciaron un mayor acercamiento con Vilma. Para ella era un estilo de trabajo muy propio su vínculo con la base. Le gustaba mucho intercambiar, pero siempre escuchaba primero los criterios de cada cual. Por eso, además de las reuniones normales en la dirección nacional, nos visitaba con mucha frecuencia”.
¿Qué le ha entregado Lutgarda a la FMC y que ha recibido a cambio?
“Toda mi vida, mis esfuerzos y mis sueños. Pero he sido bien recompensada, porque no hubiera tenido la oportunidad de entregarme en cuerpo y alma a la Revolución de no ser por la Federación.
“Todas las mujeres cubanas le debemos mucho, mucho a nuestra organización. En primer lugar por el papel que hoy desempeñamos en la sociedad, ya como ministras, profesionales, internacionalistas, dirigentes, trabajadoras simples o amas de casa”.

EN LOS DÍAS DE GIRÓN

Durante los días de la gesta de Girón, Cienfuegos era una ciudad sitiada como otras de Cuba, como consecuencia del bombardeo llevado a cabo por aviones B-26 mercenarios contra los aeropuertos de Santiago de Cuba, Ciudad Libertad y San Antonio de los Baños.
Quinientas mujeres, integrantes del batallón femenino de las Milicias Nacionales Revolucionarias cubrieron puestos en la defensa de la región. Lutgarda Balboa Egües, jefa de aquella compañía y actual colaboradora del Partido de esta provincia, recuerda hoy la abnegación de estas milicianas:
"El Cuartel General era en Santa Cruz y Prado; allí estábamos en la retaguardia, las mujeres habíamos dejado el hogar y los hijos, pero era imprescindible apoyar las acciones, Cuba era un hervidero de pueblo enardecido. Un altoparlante convocaba el combate por las calles y veíamos salir a los cienfuegueros, algunos sin tiempo para calzarse los zapatos, otros sin terminar de abotonar el uniforme.
"Nosotras cuidábamos puntos claves, como las plantas eléctricas; hasta allá en O’Bourke hacíamos guardia, otras cocinaban para los milicianos.
"También curábamos a los heridos, custodiábamos el hospital, hasta les conseguíamos piyamas y chancletas a los enfermos, era un trabajo muy lindo, de gran abnegación".
¿Usted entonces trabajaba en Educación?
"Sí, ese era mi trabajo; llegué a ser directora regional, pero junto a las otras milicianas estuve 75 días movilizada. Nuestra satisfacción es haber contribuido a gestar esta paz; no hubo aquí ni un sabotaje en esos duros días, desafiamos la contrarrevolución interna, fue un ejemplo de entrega de la mujer cubana".
El recuerdo de Lutgarda abarca el de las brigadistas que fueron a Girón:
"Hoy tenemos además la complacencia de haber apoyado a aquellas compañeras que apuntalaron el triunfo, que fueron a las arenas de Girón, donde la pólvora cometió el magnicidio, eran brigadistas sanitarias; entre ellas, Arminda, de Aguada, pudieron dirigirse al lugar de los hechos y allí dejar su huellas de heroísmo".
El Abril de Victoria labró el presente cubano y hoy fulguran las memorias, como homenaje al aniversario 48 de la proclamación del carácter socialista de la Revolución.
Entre los diplomas y certificados que atesora en su modesta oficina del Comité Provincial del Partido, nos muestra con cariño los más recientes recibidos: La utilidad de la virtud, otorgado por la Sociedad Cultural José Martí, y el sello Aniversario 50, a propósito del medio siglo de la FMC.

MALVEIS IGLESIAS DÍAZ: Pasión o el arte para vender

MALVEIS IGLESIAS DÍAZ: Pasión o el arte para vender

  Carismática, con una amplia sonrisa siempre en sus labios, dispuesta, ágil. Es tal la laboriosidad de esta joven de 28 años, que asombra, admira. De qué arte se vale para alzarse como una de las mejores cajero-dependiente de la corporación CIMEX resulta un enigma. Lo cierto es: si usted desea recibir un trato esmerado, dedicado, ¡vaya! de esos soñados, y de tan imposibles convertidos en utopía, busque a Malveis Iglesias Díaz, en el Mercado Paraíso, perteneciente al complejo La Francia Moderna, de Cienfuegos.
  “Soy así, alegre, me satisface tratar bien a las personas, saludarlas, orientarlas en sus compras. Mira, a veces llegan personas qué no saben lo que desean comprar, lo miran todo sin decidirse, es ahí donde los dependientes entramos al juego. Les sugerimos el perfume, jabón, champú, cremas…; incluso, llegamos a colocarles una pequeña muestra en la piel, porque los olores cambian en cada persona.
  “Si alguna línea es muy comprada, demuestra su aceptación, por lo tanto se la proponemos. Otros usuarios vienen con mucho dinero, pero no saben comprar, a esos también los oriento, guío… Quizá sean esas las razones por las cuales siempre me las gracias. ¡Ah, eso sí!, para mí es indispensable que el cliente se marche contento de la unidad, si no encontró lo buscado, al menos con algo similar o mejor.
 “A veces un producto se manifiesta con lento movimiento, bueno, lo cambio de lugar, o coloco en un sitio visible, le hago promoción de venta…, el resultado es maravilloso. Han llegado clientes a preguntarme ¿eh, y eso estaba ahí?, entonces, lo vendo”.
  Profesionalidad y entrega se conjugan en la muchacha. Cualidades apreciadas por los directivos de la corporación, pues cuando apenas llevaba un año y medio de labor, eligió ser madre. “Estaba de contrato en La Francia Moderna, pero decidieron dejarlo abierto, por lo cual pude regresar a CIMEX. Antes había trabajado en la tienda La Calzada. Al reincorporarme fui designada a Pastorita, y desde hace seis años, comparto alegrías, éxitos y reveses en el ‘Paraíso’”.
  Malveis ama a los animales; Cuco, su perro, es su adoración. “Quería ser médico veterinaria; soñé desde niña en atenderlos, cuidarlos… ¡No pudo ser! Comencé a estudiar para dependiente, en la escuela de Comercio, y gracias a una profesora, quien labora en Industrias Locales actualmente; aprendí a ser como soy. Ella me enseñó las características de cada individuo y a diferenciarlos en el trato”, acota.
  Asiste a los distintos cursos programados por CIMEX y a los diferentes eventos de presentación de nuevos productos al mercado. “Claro, eso es indispensable en el vendedor, conocer las particularidades de la mercancía, cualidades, recomendaciones en cuanto a horarios más factibles, tipos de pieles, cabellos…”.
  Tímida, gusta de bailar el merengue y le fascina el color azul, por aquello de la paz.  “Me encanta esta faena, es mi pasión poder lidiar con las personas, ayudarlas, verlas felices con su compra, percibir que he sido parte de esa alegría, de su satisfacción, en verdad, resulta muy reconfortante”.
  En el libro de quejas y sugerencias del centro aparecen muchísimas frases, como: “Estamos muy contentos con el trato recibido por la muchacha de perfumería”, “Ojalá el ejemplo de la joven del departamento de perfumería sea multiplicado”, “Maravillosa la gestión de la muchacha, tan alegre y afable que nos invita a regresar”…, y una se las lee y ella se sonroja.
  “El trabajo, junto a la atención de mi hijo Kevin, de 7 años, y la familia son muy importantes. No coloco límites ni en lo uno ni en lo otro. Si llega mercancía a la tienda, soy la primera en solicitarla, no escatimo el tiempo; la paso ordenando los estantes y siempre estoy dispuesta a cooperar con mis compañeros”, acota.
  El mercado Paraíso cerró el año 2009 con un cumplimiento al 112 por ciento en el plan de ventas, y mucho de ese logró puede atribuirse a la gestión de Malveis. Por ello, sus compañeros han decido proponerla como mejor trabajadora en el 2009, denominación alcanzada en otras oportunidades.

 

ROSALINA ACEBAL ARMAS: Cuenta sus hijos por cientos

ROSALINA ACEBAL ARMAS: Cuenta sus hijos por cientos

 La condición de madre y enfermera vino a fungirse en una noche sin estrellas. La luz del farol fue suficiente compañía para que Rosalina, de 17 años, trajera al mundo a unos de sus primeros bebés. Aún se desconoce, según precisiones de algunos amigos, la cifra exacta de cuántos han salido de su “vientre”.
  “Llevó 39 años dedicados a los niños. Imagínate en ese tiempo cuántos he parido y criado. A veces uno llega a saber hasta porqué lloran y los reconoces fácilmente. Convives con ellos. Hay que saber ser madre y enfermera, ambas profesiones, por decirlo de algún modo, requieren de un inmenso amor y de una calidad humana excepcional”, asegura Rosalina Acebal Armas, licenciada en Enfermería y especialista de Neonatología, en Cienfuegos.
   A pesar de que aquellos años de juventud ya pasaron, esta cienfueguera insiste en volver a los lomeríos. “Ahora estoy en la espera de mi última misión. No sé cómo voy a dejar a mis niños, pero quiero brindar mis conocimientos a otras naciones. Aquí hay un relevo bueno y eso me reconforta. De todos modos será como volver a Crucecitas.
  “Era 1969 cuando me alistaron para asistir a pacientes en el Hospital de Crucecitas, ubicado en las entrañas del Escambray cienfueguero. Eso fue una gran escuela. Allí aprendí a hacer de todo con casi nada. Yo les digo a mis compañeras que quien trabajó en el lomerío cumplió una misión en los Serros de Venezuela. No existía una educación sanitaria en la mayoría de los poblados y hacía falta mucha asistencia médica.
 “Había un déficit enorme de personal calificado, sobre todo en la salud, quizá sea ésa la razón principal por la que hoy soy enfermera. Empecé con 16 años. Tuve que esperar a tener la edad laboral para comenzar a trabajar”, exclama antes de evocar una de las anécdotas más paradigmáticas de su vida.
  “Un día vino una paciente muy grave al Hospital, pues se había introducido en la vagina una semilla de cedro para provocarse un aborto. Cuando eso ya existía un médico en la entidad, pero no teníamos en qué movernos hasta Cienfuegos. Yo sugerí montarnos en el camión de Juan Venado, un vecino del poblado. Todos dijeron que estaba loca, pues aquel vehículo no tenía barandas, enotnces les respondí que esa mujer no se nos podía morir allí. Así salve la vida de una joven como yo, en ese momento”, agrega Rosalina Acebal, quién fuera coordinadora de todos los cursos de Neonatología realizados en la provincia.
  Sobre el cuidado de sus niños, precisa, que siempre estuvo entre sus intereses profesionales. “Después de salir de Crucecitas me incorporé al centro de la Maternidad en Cienfuegos, donde radica hoy la sucursal de ETECSA. Desde ese año inicié la mayor de mis labores, ser enfermera de Neonatología, o lo que es lo mismo, enfermera de cuidados especiales al recién nacido. Luego estuve de Jefa de ese servicio por 19 años. Y a continuación cubrí la jefatura de Enfermería del Hospital Materno “Mártires de Girón” durante 10 años.
“Siempre me he movido en el área materno-infantil. Me siento feliz, pues he colaborado en la salud de nuestras mujeres e hijos al lograr en ellos una mayor calidad de vida. Hay muchas cosas que me inspiran, en primer lugar, ser mujer y cubana. También el hecho de haberme desarrollado en esta Revolución”, testifica con un poco más de desenfado.
  Al decir de muchos el haber sido dirigente por varios años de diferentes organizaciones políticas y de masas,como el Partido y los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) el cual dirigió en su cuadra por 27 años, nunca la ha frenado para ocuparse de su hogar. “Biológicamente soy madre de Roxana, aunque te podrás imaginar que tengo miles de hijos más. Mi trabajo exige combinar dos profesiones únicas a mi entender, la de madre y enfermera. También tengo una nieta de 10 años, Darianna, a quien le cuento todas mis peripecias en la sierra y el llano. Ellas forman parte de ese tesoro que todos llevamos a cualquier lugar”, insiste Rosalina.
  Para los vecinos una típica cubana que siempre está dispuesta a servir a los demás. Una empedernida amante de las plantas y flores, con quienes suele conversar casi todas las tardes de su vida. “He vivido durante estos años para eso. Yo he estado en todas partes. He tratado de inculcarle a las nuevas generaciones ese amor que siempre he sentido por la especialidad.
 “Me apasiona trabajar con los niños. Muchos médicos importantes de Cienfuegos como el Dr. Peraza me propusieron en varios momentos que estudiara medicina, pues para ellos, era una excelente Pediatra. Y mi respuesta siempre fue negativa. Siempre quise ser enfermera”, aclara una vez recorrido una gran parte de su obra por los más de 50 años de existencia.
    Y es que para Rosalina Acebal la vida ofrece un abanico de oportunidades. “Lo difícil es saber encontrar para cuál de ellos naciste tú”, exclama. Al umbral de la jubilación no quiere saber de una despedida formal, prefiere salir escurridiza por aquel pasillo que un día la hizo madre y enfermera. Sabe que por siempre oirá el llorar de sus hijos, aunque para entonces esté en el mismísimo centro de la geografía africana.
 

Derechos Humanos: Condenada por ser cubana

Derechos Humanos: Condenada por ser cubana

  Unos 20 mil cubanos pudieran morir en cualquier momento. Quizá, al ser sometidos a una complicada y riesgosa operación.
  La  transnacional estadounidense Cook Vascular Inc. se niega a vender dispositivos para extraer los electrodos o cables dañados, colocados en la cavidad cardíaca e imprescindibles en el funcionamiento de los marcapasos.
  ¿Por qué? Lo prohíbe el gobierno de los Estados Unidos y sus leyes absurdas de bloqueo económico, político y financiero en contra de esta Isla, acción que constituye la mayor violación de los derechos humanos, pues impide el más elemental de todos: el derecho a la vida.Pero de eso nada hablan los mercenaritos pagados por la SINA, se la pasan inventando historias para recibir su salario.
  Esos aditamentos permiten la sustitución de los electrodos, sin necesidad de realizar una cirugía “a corazón abierto”, con alto riesgo, explicaron los especialistas. Como era de esperarse, los 20 mil pacientes implantados en la última década, por presentar frecuencias cardíacas bajas por bloqueos y arritmias potencialmente malignas, insuficiencias del corazón y otras causas, se alarmaron -no porque se sintieran desamparados, porque la Revolución Cubana jamás abandonaría a uno solo de sus hijos- si no porque una intervención sencilla sería ahora más complicada y costosa.
  “No nos permiten venderle a Cuba”, dijeron tajante y sonante. Quienes pretenden levantarse como defensores de los derechos humanos, nos condenan por ser cubanos. A principios del 2007, la firma de capital estadounidense Saint-Jude, encargada de la producción y mercantilización de aparatos para el vital músculo y diversos renglones indispensables en las cirugías cardiovasculares -erigida entonces como la principal proveedora del estimulador cardíaco-, comunicó la imposibilidad de continuar suministrándolos, porque el omnipresente Departamento del Tesoro les retiró la licencia de comerciar con la Isla.
  Valtra, sucursal de una compañía de EE.UU. radicada en Alemania, nos privó, de golpe y porrazo, de las baterías empleadas en monitores cardiovasculares, marcapasos y audífonos ineludibles en pacientes con pérdida de su capacidad auditiva.
 ¿Tiene alguien el derecho de limitarnos la vida? Tal como hicieron los nazis durante la II Guerra Mundial, al pretender  eliminar a los judíos -recuerden el campo de concentración de Auschwitz, donde más de un millón de personas murió víctima de las acciones inhumanas allí realizadas-; hoy, el gobierno norteamericano da una muestra más de su insania, el desesperado ánimo de acabar con los pobladores de la Mayor de las Antillas, sólo por querer vivir y morir en ella.
  Con solo un ejemplo podemos demostrar por qué millones de compatriotas defendemos esta sociedad, con sus imperfecciones y todo. Un marcapasos oscila entre 2 mil 500 a 10 mil dólares, en dependencia de los diferentes modos de estimulación; la cirugía, en mil, así como cada uno de los electrodos (uno o dos); es decir, cerca de 15 mil USD, si agregamos los gastos de hospitalización, medicamentos… ¡Ninguno de los implantados tuvo que pagar un centavo!
  Mientras buscaba información en la Internet acerca del costo de esta operación, hallé muchísimos anuncios de personas clamando por el aditamento, a gritos demandan precios bajos, pues se les muere un familiar, incluso, sus hijos. Comparen, no más, y saquen sus conclusiones.
  Estados Unidos, con su obsesión de mantener el bloqueo, causa grandes estragos a la salud y economía del país. El 30 de junio del 2009, la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) multó a la filial Phillips por la compra de equipos médicos realizada por nuestra nación.
  La empresa Merck and Company no puede ofrecer el medicamento Elspar, utilizado en niños que padecen leucemia linfoblástica; ¡se lo han prohibido! ¡Señores, son niños enfermos de cáncer! A las firmas Numed, Aga y Boston Scientific se les impidió comerciar catéteres, coils, guías y stents destinados al tratamiento de pequeñines con cardiopatía congénita, dispositivos imperiosos en el tratamiento a afecciones, tumores o aneurismas en el sistema circulatorio o neurológico a nivel pediátrico.
  Otra entidad, la Radiometer, de Dinamarca, y donde el país adquiría gasómetros, reactivos y materiales gastables, empleados en los laboratorios de las Unidades de Cuidados Intensivos, con el propósito de realizar la medición de gases en sangre a pacientes en estado de gravedad, tampoco pudo continuar sus despachos pues fue comprada por capital estadounidense hace dos años. Valdría la pena preguntarse: ¿Resultan  ¡¡¡HUMANAS!!! tales medidas?
  No vivo en una sociedad perfecta; como las demás, poseemos dificultades en el desarrollo social y económico, existen manifestaciones de corrupción, delitos, indisciplinas sociales, traiciones, crisis de valores…; pero, es mi sociedad, la cual deseo y defiendo, la que me garantiza la vida.
 Porque esta periodista, que hoy denuncia tal vileza, es una de esos 20 mil pacientes implantados con un marcapasos, y a quien le han condenado por el solo hecho de ser CUBANA.  (Mercedes CARO NODARSE)

50 aniversario del ICAP: Solidaridad y humanidad se dan la mano

50 aniversario del ICAP: Solidaridad y humanidad se dan la mano

  ¡Gracias por su gran humanidad! Se escuchó decir en varios dialectos en la sala Guanaroca, de Cienfuegos, durante la celebración del acto provincial por el 50 aniversario de la creación del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos, el cual estuvo matizado por la solidaridad y el agradecimiento de los más de mil 900 estudiantes extranjeros, quienes, llegados de 54 países del planeta, cursan la carrera de Medicina en esta ciudad, ubicada al centro sur de la Isla antillana.
  Baison Centeno junto a Mayelín Hernández, presidente de la Brigada Francisco Morazán, ambos procedentes de Honduras, en su alocución a nombre de los jóvenes educandos, refirieron el alto sentido de defensa de los derechos humanos de Cuba, “nación capaz de brindar lo que tiene a todos los necesitados del mundo. Dondequiera que ocurra una catástrofe, están los médicos cubanos y cooperantes internacionalistas para ayudar a la reconstrucción. ¡Eso es defender el derecho humano más elemental de todos los hombres y mujeres del mundo: el de la vida!”.
  Y ese respeto a la integridad plena de los habitantes del universo resulta cada día palpable y reconocido, por las casi 50 brigadas de solidaridad y 600 grupos de amistad que han visitado al territorio cienfueguero, durante estos años de creación del Instituto. También, por la constitución de 2 mil 145 asociaciones de apoyo a Cuba, diseminadas por todo el planeta y los 333 comités, los cuales luchan incansablemente por la liberación de los Cinco Cubanos, presos políticos en las cárceles de los Estados Unidos, por combatir el terrorismo, financiado y organizado por el gobierno del Norte y sus agrupaciones contrarrevolucionarias de Miami.
  De ahí que el acto de conmemoración fuera un desfile de las más hermosas tradiciones de los pueblos representados en las tres universidades de Cienfuegos: la Pedagógica, la de Ciencias Médicas y la Carlos Rafael Rodríguez. Canciones, bailes, poemas, discursos salidos desde dentro del alma y un coro de varias voces y lenguas desde la platea, hicieron el colofón de la prueba más irrefutable de hermandad y solidaridad de esta suerte de Isla, en defensa de los derechos humanos de los más desposeídos y desamparados del mundo. Un reconocimiento innegable de lo mucho que realiza Cuba en pos de sus propios hijos y los ajenos.